La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

¡Sevillanos, a la tapa y a las cinco estrellas!

Nunca antes ha sido más barato probar los hoteles de lujo ni más fácil prescindir de las raciones en un velador

El camarero del negocio del centro advierte a los clientes recién acomodados junto a una ventana para asegurarse la ventilación: "Todo lo que ven ustedes como ración o media ración podemos servirlo también por tapa si lo desean". Y tiene que repetir el aviso porque la clientela no da crédito, tal vez porque no se oye con nitidez al que habla con una mascarilla.

¡Vuelve la tapa con fuerza a ser servida por camareros en los veladores! ¡Albricias! Ay, esos bares que hasta habían suprimido las barras para despachar sólo comidas y cenas a los guiris que perdimos, donde te miraban con recelo si llevabas pinta de sevillanito con ganas de una cerveza con aceitunas. Ahora te puedes zampar una tapa de migas, una de pimientos rellenos o una de patatas ali-oli sentado y con todo puesto por delante junto a la Giralda. Al cuerno la ración que, además, es muy poco recomendable porque corres el riesgo de que alguien meta el tenedor ya chupado en el plato común. No sólo se aprecian cambios en la sufrida hostelería. ¿Qué me dicen de los hoteles de cinco estrellas? El pasado fin de semana había cola, literalmente cola, para acceder al hotel de Torre Sevilla, donde por 120 euros se ofrecía habitación en el rascacielos con aparcamiento gratuito y derecho a cena y desayuno.

Los huéspedes del Eurostar eran de los pocos que podían tomar una copa por la noche contemplando el centro de la ciudad y el río a vista de pájaro. Venga la gente a buscar el Salvador, a identificar la torre de Don Fadrique, la de Los Remedios y las dos de San Ildefonso. Qué recortada se ve la Expo desde la planta 34, cómo se empequeñece la urbe que parece inabarcable a pie de calle, cómo se aprecia la diferencia entre la dársena y el verdadero río, qué recoleto el Tardón, qué grande es toda la zona de campo que abraza la ciudad...

El hotel Alfonso XIII ya se puso también de oferta en Navidad y sigue con precios especiales desde los 109 euros. Habrá cola para San Valentín, fecha emergente en la sociedad de consumo. ¡Es la hora de los sevillanos! Los bajos precios y la tapa como atractivos para captar el único público que existe: el local. Tantos años orillado por el exceso, porque había de todo, y ahora resulta que hay que cuidar al sevillano, que se aficiona rápidamente a desayunar huevos revueltos con bacon con tal de aprovechar el desayuno de gorra, que, por cierto, se ve tela de gente con gorras y sudaderas a la búsqueda del tercer donut de chocolate afeando la preciosa arquitectura de Espiau. Que casi no hay diferencia entre el zarrapastroso local y el extranjero patibulario. Será cosa de la globalización. ¡Sevillanos, a la tapa y a los hoteles de cinco estrellas! ¡A la gloria, a la gloria, como dijo el pregonero!

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