Las dos orillas

Ventajas de la capitalidad

Visto desde Andalucía, recuerda lo que ocurrió con Sevilla. Aquellos intentos por repartir las consejerías

En su intento por desguazar al PSOE en Madrid, Pedro Sánchez ha sugerido el traslado de algunas instituciones a otras ciudades españolas. Aunque lo ha matizado, sonó como la deslocalización de empresas en Cataluña, después del referéndum independentista de 2017, pero en este caso no con empresas privadas, sino con instituciones públicas; y sin ningún motivo, excepto que Isabel Díaz Ayuso les dio un sopapo en las últimas elecciones autonómicas. Nada fastidiaría más a los madrileños que ese tipo de maniobras tan burdas. Visto desde Andalucía, recuerda lo que ocurrió con Sevilla en los albores autonómicos. Aquellos intentos por repartir las consejerías, y trasladar el turismo a Málaga, etcétera.

Apenas cuajó el acuerdo para ubicar la sede del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en Granada. Desde luego, es mejor que esté en la Real Chancillería, un edificio histórico y elegante, del siglo XVI. Aunque establecieron otras dos salas en Sevilla y Málaga. En Sevilla, donde aún se espera la Ciudad de la Justicia, no hay objeciones a que Granada sea la teórica capital judicial. Se considera como algo exótico. Pero el afán repartidor no se ha contemplado con buenos ojos. Como es lógico y natural, pues las capitales volanderas son propias de una política de tiquismiquis y catetismo, que va contra la utilidad.

En algunos momentos, se ha considerado que la capitalidad genera una pesada carga para Sevilla. Juan Ignacio Zoido, cuando era alcalde, insistió en las compensaciones como gran ciudad y capital. En la realidad, ser capital crea servidumbres, como acoger manifestaciones de asuntos propios de otras provincias. Sin embargo, las ventajas son mayores. Por eso, la capital es odiada y envidiada (aunque muy visitada e imitada) por los vecinos del resto de Andalucía. Y vienen todos en Semana Santa, aunque el presidente de la Unión de Jerez dijo que es "un coñazo".

Al principio de la autonomía, la capitalidad beneficiaba a los restaurantes y bares de Sevilla, por los almuerzos de trabajo. Eso ya no se dice con Juanma Moreno, gracias a las terrazas de la pandemia, que llenan los bares andaluces, sin necesidad de consejeros ni funcionarios. Por lo demás, una capital repartida por aquí y por allí, como si fuera el Gordo de la Lotería del Niño, es poco práctica. Es mejor tenerlos juntos, aunque no revueltos. Como se suele decir, eso favorece las sinergias.

En la pandemia se ha visto que el modelo actual de la Junta, con sus delegaciones provinciales, funciona muy bien. Ha permitido vacunar a todos los que han querido, sin repartir a trozos la capitalidad.

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