GRIÑÁN tuvo su gran acierto, en cuanto a estrategia electoral, cuando se negó, porque se negó, a convocar elecciones autonómicas al mismo tiempo que las generales, que es lo que le pedían desde la cúpula federal de su partido. Entiéndase, Rubalcaba. Le salió bien, tan bien que es muy probable que si hubiese cedido a la presión y hecho coincidir la cita electoral, hoy el presidente de la Junta sería Javier Arenas. Pero eso fue ayer, y hoy es hoy. Lo que ahora está puesto sobre el tapete político andaluz es una especie de puzle partidista-electoral cuyas piezas ha revuelto Griñán, aprovechando que pasaba por ahí el Debate del estado de la Comunidad. Desde ese momento nadie ha mostrado el menor interés en el propio debate y se ha centrado la atención en intentar componer ese puzle, también llamado rompecabezas.

Para empezar, lo que hizo el presidente fue anunciar que no volvería a ser candidato. Eso obliga al PSOE a buscar otro candidato o candidata, y ha puesto en marcha, con increíble rapidez, el proceso de sustitución. A finales de julio, celebrarán unas primarias, a las que no están estatutariamente obligados y en las que, oficialmente, no hay candidato oficial, pero oficiosamente, hay una candidata oficiosa. O sea que, formalmente, no hay dedazo, pero le ponen muy difícil al sector crítico, hoy por hoy muy aguado, el dificultar lo que se supone que va a ser un cómodo paseo para Susana Díaz. Pero quedan otros asuntos por resolver, y otras piezas por encajar, y lo primero es saber si Griñán va a aguantar en la Presidencia hasta el final de legislatura. No se sabe, pero es muy difícil imaginar que pueda mantenerse casi tres años en esa interinidad. A su vez, esto abre dos opciones, la primera es que deje a su sucesor o sucesora la Presidencia para que se vaya rodando y adquiera notoriedad antes de las elecciones del 2016. Otra, es que disuelva el Parlamento y adelante la cita electoral, una vez designado el sucesor.

Todo esto obliga también a IU a mover ficha. A ellos les interesaría agotar la legislatura, para seguir haciendo músculo y ocupando espacios y, además, no tener que decidir tan pronto a su candidato entre Valderas, Maíllo o incluso Elena. Y, por supuesto, el PP, ante un posible adelanto electoral, tiene que revisar su calendario y señalar a su candidato, que necesitará un tiempo de visibilidad regional, aunque alguno de los posibles ya tiene andado un buen trecho. En resumen, Griñán ha echado los dados y ahora… abran juego.

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