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Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

La ciudad de los teatros

Sevilla podría vender mejor su programación cultural si acuñara una marca como hizo Málaga

Sevilla, a excepción de Madrid y Barcelona, es hoy la capital española con más espacios escénicos tanto públicos como privados y, sobre todo, de gran capacidad. Es un dato objetivo. Mucho más que aquello que, de tanto repetirlo, se convirtió en una máxima durante años: Málaga supera a la capital en oferta cultural. Lo que no se podía entonces ni se puede ahora negar es que Sevilla nunca ha logrado construir la identidad cultural que le corresponde como metrópoli, a pesar de su rico patrimonio histórico. Mientras que Málaga supo en su momento acuñar con mucho acierto su marca de ciudad de museos. Y quizás por ello, los organizadores de grandes eventos cuando prueban en Sevilla se van más que satisfechos y asombrados por la profesionalidad también de los equipos que gestionan los espacios escénicos. Ocurrió con la Academia de Cine con motivo de los Premios Goya 2019 y también con la MTV, por citar las citas de mayor impacto en todos los sentidos.

No es necesario establecer comparaciones. Fibes, con su aforo, capacidad técnica y diseño de la infraestructura, hay sólo uno y está en Sevilla, una ciudad que ha ido sumando al Teatro Lope de Vega y el de la Maestranza otros escenarios como el Cartuja Center, Teatro Central, Teatro Alameda, Sala Turina, Teatro Quintero, Box Cartuja, el Auditorio Rocío Jurado o incluso el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, que acoge festivales para pesar de algunos empresarios de la ciudad. Algunos recintos, sin estar en su mejor estado de conservación, tienen una programación permanente. Y luego hay otros menores como el Teatro Távora, La Fundición, Viento Sur, Sala Cero, TNT o salas para conciertos con una programación permanente y ya con historia como son el Fun Club, Sala Custom, Malandar, Sala X, Even, La Sala o Fanatic, entre otros espacios completan un catálogo envidiable.

Y, a pesar de que Sevilla ya aparece en los primeros puestos de ciudades culturales en algunos rankings, no hay que medir nada para comprobar que la oferta cultural sigue sin ser uno de sus referentes. Y eso merece una reflexión serena por parte de los gestores municipales de una capital que, no en vano, cuenta con el mejor festival de flamenco del mundo, la tercera mejor temporada lírica de España, el mejor festival de música antigua del Estado, uno de cine que atrae al público menos ortodoxo y hasta uno de circo... y una auténtica letanía de argumentaciones culturales que forman ya parte del escaparete con el que Sevilla se vende en el exterior.

El gobierno de Espadas apostó por unir cultura y turismo. Quizás lo que falta ahora es un toque marketiniano. Málaga se convirtió en la ciudad donde habitaba el arte con el Picasso, el Museo de Málaga, el de la Fundación Picasso. Museo Casa Natal, el Centro Pompidou, el Thyssen, la Colección del Museo Ruso, el Centro de Arte Contemporáneo y otra treintena de espacios museísticos, incluidos algunos cofrades. A Sevilla le sobran argumentos y uno de ellos podría ser la ciudad de los teatros.

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