La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Uclés es la elegancia, no el pollo
La factoría de Moncloa está subida sobre una tarima desde donde todo se observa con otra perspectiva, sus artefactos políticos van más allá del horizonte temporal de este mes, su director de gabinete, Diego Rubio, es un especialista en prospectiva, que es una aproximación racional al futuro a medio plazo, y es así cómo debe entenderse la nueva regularización de inmigrantes, medio millón de personas invisibilizadas hasta ahora. El enfoque que Pedro Sánchez querrá darle a su campaña electoral es global, ahora que todo el mundo democrático y liberal, de izquierdas y de derechas, observa con temor qué está ocurriendo en Estados Unidos cuando un presidente salvaje ordena detenciones y expulsiones masivas. Ni una democracia parida por sus padres fundadores como un sistema para evitar a un rey se libra cuando sus ciudadanos eligen a un tirano.
El Gobierno le ha concedido a Podemos la coautoría de una regularización que ha impulsado la Iglesia Católica, aunque su vía legal iba a ser la iniciativa legislativa popular que se encontraba en el Congreso paralizada por dos de sus aliados, el PNV y Junts. Las dos únicas formaciones que han rechazado de plano la medida –el PP sólo ha criticado el oportunismo y las formas– han sido Vox y el popurrí de novísimos sindicatos policiales, los aliados de Trump en España y los coleguitas de Greg Bovino, el de Mineápolis.
El futuro del Gobierno es negro humo, en Adamuz ha descarrilado toda la credibilidad de su ministro doberman, Juanma Moreno ha conseguido la laureada, pero Sánchez contempla la ascensión de los partidos ultras en Europa y América como una ventana de oportunidad, todos los sondeos coinciden en que Feijóo ganará las elecciones, aunque Vox resultará decisivo en su gobernación. La formación de Santiago Abascal, además, no puede moderarse, que es lo que hacen los partidos más radicales cuando atisban el poder –calmar y dar confianza–, porque se ha hecho fuerte por la blandenguería liberal y democrática del PP.
Éste es el marco que intentará imponer Sánchez en las elecciones generales, Vox en Aragón va a resultar más concluyente que en Extremadura, pero esta estrategia es en buena medida engañosa, pues el precio de la regularización es que los coleguitas de Bovino en Cataluña puedan flirtear de sus competencias para expulsar inmigrantes.
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