La ventana
Luis Carlos Peris
Y el viento, ululando
Ululaba el viento en la muy alta madrugada y llegaban noticias de árboles abatidos mientras el viejo Betis amenazaba con desbordarse y por el televisor seguían elucubrando sobre la gran tragedia ferroviaria. Todo eso con el adobo del monstruoso asesinato de un niño por el padre de su compañero. Vaya con Dios cómo se está comportando enero con su cuesta y la madre que la parió, que más parecen avenates propios de febrerillo el loco. A todo esto, el ministro de los trenes colisionando con todo el que ose contradecirle y el gran mandarín usando y abusando del decreto ley con el único e ilegítimo fin de no abandonar el confort de la Moncloa. Cabalga enero hacia la orilla, pero quién puede asegurarnos que con enero se acaba esta sarta de males. Por lo pronto, enero prepara su adiós con el miedo que produce ese viento huracanado más propio de zonas caribeñas que de este paraíso que ha perdido su identidad. Para los anales pasará este enloquecido mes de la cuesta y su canesú.
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