¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La Iglesia, quinto poder
Uclés en Sevilla ha sido siempre un término asociado a la exquisitez londinense, el estilo refinado y la excelencia en el comercio. Hasta 2015 estuvo en ese tramo alto de la calle Álvarez Quintero, la que nace en el extremo bajo donde están Las Escobas, se estrecha en Robles y se vuelve ancha en esos números impares donde se mezclan los señores del Aero y los de un gimnasio vecino con grandes ventanales. Todos vemos cómo ellos y ellas levantan las pesas, se estiran o sudan ejercitando los abdominales, cosa que a muchos importará bien poco, pero se nos enseña sin más. Volvamos al paseo por la calle. Se pasaba por Joyería Reyes, que por fortuna continúa abierta, y daba gloria rematar Álvarez Quintero en Uclés, donde siempre se encontraban los regalos más especiales, los que no hay ni nunca habrá en Amazon. Artículos exclusivos como pañuelos, paraguas, zapatillas de estar por casa, carteras... Uclés era de esos comercios que daban categoría a una ciudad, los que la hacen distinta, única, singular. Pero Uclés es ahora noticia en Sevilla y más allá. No por el sello y distinción de un comercio que conocieron y disfrutaron varias generaciones, sino por un autor con ínfulas que se ha hecho una promoción gratuita al declinar su participación en un ciclo sobre la Guerra Civil en la Fundación Cajasol. Se puede decir al peso: una mamarrachada. O en gaditano: una carajotada. Pero no le den más vueltas. Las cosas son lo que son y no lo que una parte quiere que sean, como reza el aforismo jurídico. El tipo sabía a lo que iba, un ciclo perfectamente plural, pero al final se le ha visto el pelo de la dehesa sectaria.
Los individuos como Uclés no se creen la democracia, quieren repartir los carnés y suprimir el debate. Juegan a ser niños terribles y literatos malotes cuando son ingenieros de una rebeldía impostada y de un desaliño esmerado. Solo quieren la libertad... del pensamiento único. Su brillantez no revierte en beneficios para la sociedad, sino en agrandar su ego de papel mojado. Se ponen muy sensibles porque el presidente Aznar o Iván Espinosa de los Monteros estaban en el ciclo. ¿Dónde estaba el problema? Han tenido que sacar la pizarra del aplazamiento del ciclo (convertido ya en festejo) porque el tal Uclés y compañía han hecho lo mejor que saben: ruido, mucho ruido. Han debido rejuvenecer al hacer como aquellos estudiantes bochincheros que reventaban el horario lectivo con protestas que podían ser defendidas sin faltar a clase, pero ya se sabe que la libertad, compañero, exige sacrificios... Preferimos asociar siempre Uclés a señores de la cabeza a los pies, profesionales honrados y ciudadanos ejemplares. Uclés siempre ha sido la elegancia, nunca el pollo. No a vividores de la democracia que solo quieren secuestrarla y que, encima, les demos las gracias. Tururú.
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