El encanto de un colegio sin parque

En el Cerro se demuestra que la educación en valores solo depende de la vocación

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Alumnos del colegio Ruiz Elías del Cerro del Águila.
Alumnos del colegio Ruiz Elías del Cerro del Águila. / M. G.

27 de enero 2026 - 04:00

En el Cerro del Águila hay un colegio sin grandes infraestructuras, sin pistas deportivas, sin patio propio para el recreo. Se trata del colegio Ruiz Elías, que funciona en un casa con casi setenta años de antigüedad. Los alumnos de segundo a sexto de Primaria tienen sus minutos de ocio en un parque próximo, como cuenta hoy en estas páginas con toda precisión y tacto la compañera Chantal de la Cruz. El colegio está sostenido por una cooperativa. Ha recibido un premio internacional al promover un proyecto en el que los propios alumnos contribuyen a mejorar el espacio público del parque que usan a diario. Los alumnos también reciben formación en educación vial ante la necesidad de cruzar Afán de Ribera a diario. De las necesidades se ha hecho virtud. Quienes estudiamos en colegios pequeños y sin infraestructuras sabemos que la educación de calidad no depende del dinero, sino de profesores con vocación. Las enseñanzas para toda la vida, no guardan relación directa con grandes canchas deportivas ni con el aire acondicionado, sino con el aprendizaje de hábitos como el del estudio o la lectura, el cultivo del músculo de la memoria y el reconocimiento de la autoridad del profesor. Si hay campo de fútbol, mejor. Si hay climatizador en lugar de ventiladores, mucho mejor. Pero conviene no olvidar lo sustancial. Es muy probable que los alumnos del colegio Ruiz Elías estén aprendiendo la lección más importante que nunca olvidarán y que captarán en toda su dimensión a medio plazo. Los valores que reciben son los asideros para toda la vida, mientras que la cultura de la reivindicación de complementos, a la que tantas veces asistimos, son en no pocas ocasiones una fuente de fragilidad aunque casi lo admita. Contar como única infraestructura con un parque público y convertir su mejora en un proyecto educativo que redunda en el bienestar del barrio es sencillamente de premio mundial.

Uno tiene claro que el pilar más importante de la educación es la vocación del profesorado. Recibir el ejemplo de un buen maestro es el 90 por ciento de la clave del éxito: un profesor que motive a los alumnos, que permita brillar al bueno y que rescate al que se ha quedado atrás. Eso no depende de ningún presupuesto público, depende de tener claros los criterios y, sobre todo, de no debilitar el papel del docente. Con profesores respetados y con vocación ganan los alumnos, se beneficiala sociedad. El colegio Ruiz Elías bien podría ser incluido en un catálogo de colegios con encanto. El mero hecho de que se haya enseñado a los alumnos a sentir como suyo el parque público y a trabajar en su mantenimiento merece un reconocimiento. Nadie olvida su lugar de recreo infantil. Los que, además, también los pasamos en un lugar público para el que había que cruzar una calle sabemos de la importancia de lo vivido. La ruta incluía pasar por una hilera de naranjos. Siguen donde estaban. En cuaresma dan azahar. No había aire acondicionado en las aulas, pero sí muy buenos profesores.

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