La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La lección de José Guerrero, el ejemplo del Yuyu
Salir al escenario del concurso de carnaval caracterizado como cardenal, con guardias suizos de atrezo y los frescos de la Capilla Sixtina de fondo es una apuesta de alto riesgo. Hacerlo sin provocar heridas, rechazos, ni polémicas está al alcance de pocos autores. Nada más viejo que la veta anticlerical en la fiesta de Don Carnal, por eso es más difícil, mucho más, conseguir la originalidad con una apuesta que parte de esa base. La clave, como de costumbre, está en el enfoque. En el carnaval como en el periodismo no hay temas delicados evitables, sino acaso tratamientos indebidos. José Guerrero, 'El Yuyu' de Cádiz, demuestra con la chirigota Los que van a coger papas que hasta se puede respetar la presunción de inocencia de un obispo sin dejar de ser contundente con los hechos investigados ("Si es verdad lo que se ha contado, yo creo que está muy bien echado"), sacarle partido nada menos que a un cónclave, relacionar la muerte del Papa con los resultados del Betis, la mala calidad de alguna chirigota debutante, abordar la oferta de turrones y polvorones especiales para perros, o rendir homenaje a un compañero de carnaval con una crítica directa y severa al daño gratuito que se puede provocar a las personas en las redes sociales. Una vez nos contó que la profesión de humorista supone caminar cada día por un campo de minas, sobre todo en una sociedad donde perdura la dictadura de lo políticamente correcto, el laicismo bobo y una ultrasensibilidad que provoca estruendosos casos de hiperventilación. Este Yuyu nunca oculta su recelo con todo lo que se cuece en esos foros que son tantas veces el escaparate de la peor cara del ser humano. Siempre defiende la necesidad de sonreír: "El humor es necesario para no vivir amargados". Y rechaza que las redes sean un reflejo de la sociedad actual, porque sería como admitir que vivimos en una continua fosa séptica.
Yuyu evoca el espíritu de Gila, baluarte del buen humor sin herir, una capacidad al alcance de pocos. No hay necesidad de ofender gratuitamente sin dejar de emplear la guasa, la ironía y hasta una desternillante sutileza para aludir a los rasgos físicos de algún personaje público. Es un humor con estilo, no exento de denuncia. Un humor capaz de entrar en una cacharrería y no romper un utensilio, salir limpio, sin ruidos, con éxito. El triunfo es el enfoque, el estudiado tratamiento de los temas. Se nota el trabajo previo mucho más allá de los tipos y el decorado. Para atreverse con ciertos temas hay que manejarlo a fondo. Algunas bromas exigen un trabajo de campo basado en la observación y el conocimiento. Yuyu es un rebelde con causa y con criterio, como su admirado Fede Quintero, acostumbrado a moverse en las aguas de la oficialidad y de la transgresión. Fútbol, alta jerarquía eclesiástica, mascotas redes sociales... Yuyu sonríe cada mañana al amanecer para enviarle mensajes positivos al cerebro. El de la libertad con criterio.
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