Efecto llamada

31 de enero 2026 - 03:07

Aunque tengo el presentimiento de que nuestras posturas políticas son muy distantes, soy un gran admirador de Mike & Duarte, que publican su viñeta gráfica justo aquí a mi (ejem) izquierda. No es que el roce haga el cariño, pues estamos juntos y separados, según se mire desde la física o la metafísica. En cualquier caso, no es la física, sino la química, esto es, la gracia que me hacen.

Aunque no esté de acuerdo con alguna viñeta, me arrancan una sonrisa casi siempre, un suspiro a veces y, sin falta, un pensamiento. El otro día, comentando el “efecto llamada” que denuncia Abascal que tendrá la regulación masiva de inmigrantes que planea el Gobierno, hablaban de “otro efecto llamada”: la crispación o el voto antiinmigratorio; y ponían a unos monigotes del ICE norteamericano desembarcando en España. No son los únicos, en efecto, en haber llamado la atención sobre esto.

Una medida de papeles para todos, sin mucho espacio para pedir antecedentes penales ni demostrar arraigo ni disposición para trabajar, generará y multiplicará el sentimiento de preocupación ciudadana por la inseguridad en las calles y el hundimiento de nuestro ya debilitado mercado laboral.

Si también los más favorables a estas normas ven tan claramente que tienen múltiples efectos transversales y que produce una considerable alarma social, ¿por qué no se exige a Sánchez más prudencia a la hora de legislar? Siquiera fuese por los intereses electorales del PSOE…

Aunque debería ser por responsabilidad de Estado. Siempre se sostuvo y la Constitución lo intentó (aunque nunca se hizo) que los grandes temas vertebradores de la nación, como la justicia, la defensa, la política exterior o la educación, deberían legislarse mediante grandes consensos. Es lógico y prudente. Hoy –por nuestra pirámide poblacional, por el mercado de trabajo, por la coyuntura geopolítica y por las tensiones culturales– la inmigración es uno de los asuntos vertebradores del presente y del futuro de la nación. No debería legislarse a la ligera ni sin escuchar a todas las voces ni sin acuerdos. Ni mucho menos para echarle el anzuelo del buenismo a todos los vanidosos de las instituciones ni para picar a los que no piquen. Hacer cálculos partidistas con este asunto conlleva una gran miopía y una grave frivolidad. Es otro efecto llamada.

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