La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El encanto de un gran bar de barrio

Casa Ruiz tiene todo lo que nunca debimos perder en la mayoría de la hostelería de un centro condicionado por el turismo Cuando los bares eran espacios de libertad en Sevilla ¡Apartamentos turísticos en la Librería San Pablo de Sierpes!

Tapa de lomo con tomate en el bar Casa Ruiz.

Tapa de lomo con tomate en el bar Casa Ruiz. / M. G. (Sevilla)

Tiene todo lo que jamás se debió perder en el centro por entregarnos en exceso a los usos y costumbres de nuestros señores y amos los turistas. Casa Ruiz, en la calle Carlos de Cepeda, esquina con Fernández de Ribera de Nervión, es uno de esos bares de barrio que atesora todos los encantos de un buen negocio de hostelería. Fundado en el año de los Mundiales, en aquel 1982 en que también estrenamos arzobispo, en una zona de expansión de la ciudad que recibía a matrimonios jóvenes, se veía crecer las grandes avenidas (como San Francisco Javier) y donde estaba a punto de desaparecer aquel puente de la Enramadilla que parecía separar del centro más que unir. En Casa Ruiz hay una lista de tapas que debería ser catalogada como Bien de Interés Cultural para impedir que desaparezca. Primero porque son tapas. Y segundo porque hay algunas que se ofrecen ya en pocos sitios, como la sangre con tomate o la muy popular de lomo con tomate. ¿Y qué me dicen de las croquetas de puchero, las albóndigas o el cóctel de langostinos? Casa Ruiz está pidiendo a gritos una visita de Pepe Monforte para que compruebe que no hay tataki ni pamplinas en reducción y sí mucha cocina de verdad, mucha tapas y guisos del día y mucho camarero con oficio.

Todo en uno de los bares no ya de barrio sino de toda Sevilla que tiene la mejor chacina posible. Casa Ruiz es célebre por el jamón. El cochino es la estrella. Sin desmerecer el salchichón en tiras. Si los bares son casi instituciones en esta ciudad, en este bar hay un buen ejemplo de lo que nunca debimos perder en favor de los vinagres de Módena, los quesos fritos, la zanahoria en microtiras hasta en la sopa y el eneldo como condimento transversal. El bar tiene sus veladores interiores y hasta un salón para comer en un ambiente más reservado. Es un santuario para muchos sevillistas, lugar de peregrinación de los cientos de trabajadores de las oficinas de los alrededores. Cierra los domingos, salvo el Domingo de Ramos, que abre por tradición para atender el público familiar. Bien saben sevillanos finos como AntonioCasado o Eusebio León que la evolución de mucha hostelería del centro ha generado que haya tabernas de barrio sean verdaderos estandartes del mejor concepto de bar:un espacio de libertad donde uno está de pie o sentado, come y bebe o solo bebe, pide la cantidad que le apetezca y solo se ve frenado por la falta de sitio. Incluso se puede quedar de pie en la retaguardia a falta de un hueco donde apoyar el codo en la barra. Casa Ruiz es un gran ejemplo. Resiste a las modas pasajeras o invasoras como picudos rojos porque tiene criterio propio. Al final siempre ocurre: permanecen los auténticos.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »