Tres exhumaciones a coste cero en la Macarena

Conociendo a Cabrero como lo conocemos, nos la jugamos a que las arcas de la hermandad no se verán mermadas

La Macarena retira la placa dorada del centenario del nacimiento de Queipo

La noche de las exhumaciones.
La noche de las exhumaciones. / M. G.

Sevilla, 09 de noviembre 2022 - 04:00

La exhumación de los restos de Francisco Franco de la abadía del Valle de los Caídos, su traslado al cementerio del Pardo y su inhumación en el panteón supuso un coste de 125.920 euros para las arcas públicas, según informó el Gobierno en una respuesta parlamentaria. Seguro que no nos equivocamos mucho si afirmamos que las tres exhumaciones efectuadas la semana pasada en la basílica de la Macarena han tenido un coste cero para la mayordomía de la hermandad. Debe ser así conociendo la trayectoria del hermano mayor, el cántabro José Antonio Fernández Cabrero, al que tantos en Sevilla no le perdonan que sea eso: la excepción cántabra. Porque Cabrero no simboliza el fin de un sistema por el que los hermanos mayores de la Macarena deben responder a un determinado perfil, sevillano por supuesto. No, no, no. Es la excepción. ¿No se habla de la excepción ibérica a cuenta de los precios y los problemas con los suministros energéticos? Pues en el mismo atrio tenemos una excepción de tonalidad verde... de Cantabria.

Sabiendo hace años cómo se mueve Cabrero, el entusiasmo y el estilo personal que imprime a sus acciones, lo poquísimo que duerme y lo mucho que vive con pasión, nos la jugamos a que las tres exhumaciones no mermarán las cuentas de la cofradía. Ahora está muy de moda discutir los proyectos o iniciativas de una junta de gobierno, de su hermano mayor, preguntando cuánto se deja de destinar a la obra de caridad por encargar un nuevo manto, una tanda de candeleros de plata o el alquiler de un inmueble para casa de hermandad. Pues nos da el olor a incienso de madrugada, de noche de Viernes Santo por la Alfalfa en lugar de por Cuna, a que el cántabro ha debido hacer de las suyas, como cuando era el consiliario responsable de la ingente obra asistencial de la cofradía.

Ha tenido que recordar a aquel Cabrero que fue alto ejecutivo de una compañía aseguradora con despacho con vistas al Guadalquivir. Nos da que el sello de discreción que marcó aquella noche ha sido el mismo para otros muchos detalles de una operación insólita. Ni cámaras, ni notario, ni representante del Gobierno. Nunca una cofradía de capa, de popular elegancia, exhibió un estilo tan de ruan, tan silente. No hemos visto una fotografía del proceso, pero nos da la impresión –¿recuerdan que a la hermandad no le costó un euro el monumento a Joselito?– que tampoco veremos correr un euro. En la Macarena no debe haber solo donantes... de flores. Seguro que la excepción cántabra no deja de tener efectos especiales. La gente de la montaña y sus cosas. Habrá que preguntarle pronto al hermano mayor. Con tiempo y café por delante.

stats