Baja Temeraria

La familia, ese premio

El consejero de Salud de la Junta de Andalucía lleva ya algunas ocurrencias nada divertidas

Fui tan feliz el viernes pasado con mis amigas de cabecera, con amigas gozosamente encontradas, con amigos que dejaron un merecido descanso para otro momento, con mi maravillosa editora María Christine del Castillo, con mis perfectísimos (envidiosas miradas desde la platea) presentadores Fernando Repiso y Carlos Aristu, que casi se me olvida que a ese paraíso me había llevado un libro. Y no, no voy a hablar de mi libro. Sí de la materia con la que se escriben tantos: las familias. Ya saben, Tolstoi en Anna Karenina apuntó a las familias infelices como el gran filón literario. Desde el best seller más longevo, la Biblia -que puso el listón muy alto con hermanos a la greña por unas míseras lentejas o un padre dispuesto a degollar a su vástago por el mandato de una voz interior- al último novelón de Isaac Rosa, la familia es el mejor de los escenarios para la expansión de las pasiones humanas. Aunque no den la vuelta al mundo a lo Elcano ni surquen el Atlántico con la balsa Kon-tiki, sus miembros emulan la epopeya, la tragedia y la comedia, en ocasiones todas al mismo tiempo. No frivolizo, nacer en una familia moderadamente normal, donde primen los afectos sobre los defectos, es una enorme suerte que no todo el mundo tiene. Reconocer que no te han tocado los mejores en esa lotería que es el nacer, debe ser uno de los peores tragos a los que enfrentarse, aunque haya quien lo ha hecho. Hay personas muy valientes que se han atrevido a romper un cordón umbilical que los estrangulaba en lugar de darles vida.

Y hay quien tiene un modelo de familia en la cabeza, no para sí -que mucha suerte- sino para el resto de los mortales. Le ha debido pasar al consejero de Salud de la Junta que lleva ya algunas ocurrencias nada divertidas, por mucho que se haya ganado la fama de campechano. Caray con la palabra. Quiere el consejero que se premie a las familias… numerosas. La gracia que debe hacerle a los menores de 40años. Tener un hijo sin contrato indefinido va para hazaña. Y como volver a Alberto Closas, Pepe Isbert, Crónicas de un pueblo y demás acerbo cultural del nacionalcatolicismo no bastaba, ha añadido otro galardón. Y le ha echado narices, hay que reconocerlo. ¡¡Premio a las familias con arte!! Lo siento por los lacios (toda mi parentela) que de practicar un arte es el de la polémica, cuanto más chorra más apasionada. Y ya puestos, por qué no premiar a la Familia embroncada en Navidad. Ahí el pódium estaría muy reñido. Como sigamos por esa senda, el día menos pensado se nos descuelgan con el rescate del Premio Non Plus Ultra. Refresco la memoria: heroicidades infantiles (preferentemente una niña de 10 años que llevaba adelante a 17 hermanitos) que eran premiadas con un viaje y una visita al Caudillo. Me echaría unas risas si no me diera tanto espanto.

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