¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La nueva muerte de Pemán
EL conocido dictum calderoniano sobre las espadas, “no me saques sin razón ni me envaines sin honor” se podría aplicar igualmente a la pluma. Pero la vida, ay, es una escuela de banalidad y miseria, por lo que no son pocos los días que malgastamos la tinta en asuntos baladíes o, aún peor, en juicios equivocados. Sin embargo, hay mañanas que uno, cuando se sienta a escribir sabe que está aprovechando su tiempo en algo útil y noble. Es entonces cuando el tecleo toma un ritmo alegre y confiado, como el del galope de Babieca o el remar de los argonautas en los días de mar apacible. Hoy, sin duda, es una de esas jornadas.
El motivo de este artículo no es otro que sumarme a la campaña de recogida de firmas que un grupo de médicos y ciudadanos están realizando para rebautizar al Centro de Salud de Los Bermejales con el nombre Manuel Caraballo Daza, médico de cabecera que trabajó los últimos 16 años de su vida profesional (murió el pasado 26 de noviembre de 2022) en este ambulatorio. En unos tiempos en los que se habla con preocupación de la deshumanización de la medicina y de la progresiva desaparición del médico de familia (la convocatoria del MIR de 2023 dejó 202 plazas vacantes de esta especialidad), el recuerdo de Manuel Caraballo, que pasó por este mundo haciendo tanto bien, se nos muestra como un ejemplo de aquella medicina rigurosa y cálida que se echa de menos. Caraballo, me consta, vivió la medicina con una auténtica vocación casi sacerdotal (fue un hombre de una profunda religiosidad) en la que los horarios y los emolumentos eran lo de menos. Lo decimos con las palabras de sus compañeros: “el doctor Caraballo puso en práctica los valores más reconocibles del médico de familia: su compromiso con las personas, su capacidad de escucha y empatía con todos sus pacientes por igual, su notable prestancia científica y su capacidad de resolución a los más diversos problemas de salud y situaciones que se presentaban cotidianamente en su consulta.”
Ya mucho antes de los aplausos teledirigidos de la pandemia, Sevilla siempre ha sabido distinguir y homenajear a sus mejores galenos. Ahí están las calles Federico Rubio, Doctor Letamendi, Doctor Fedriani... A esa casta perteneció Manuel Caraballo. Merece un Centro de Salud y mucho más.
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