Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

El lado amable de la vida en el Parque Amate

Hay un enorme placer en ignorar la actualidad bronca y ponzoñosa paseando por el Camino de las Bauhinias

Desde la parada en la Ronda de Triana, con el rascacielos de Torre Sevilla a la espalda, a la que está justo delante del Centro Residencial Manuel Ridruejo Muñoz, en la Avenida de Andalucía, el 5 de Tussam echa 38 minutos 45 segundos cronometrados en el Samsung Galaxy J5. Subo poco después de las doce del mediodía del domingo 23 de junio de 2019, día de San Zenón, en el que también se celebra el Día de Todos los que hablan Español -tanto si lo hacemos bien o mal- y con el que se conmemora su importancia como lengua internacional. Paradójicamente, y echando por tierra la experiencia de otros días, en los que el que autobús es un nido de loros y cotorras, en éste nadie habla. Es la tranquilidad dominical.

El 5 es perfecto para conocer otra ciudad. Que no deja de ser la misma. Ya fuera de él, se encuentra uno en el extremo opuesto. Y además sabiendo cosas que no sabía -como que el 6 de diciembre de 2052 se verá la mayor superluna del siglo XXI; si no la diño antes, que es más que probable, seré un viejo de 90 años deslumbrado por semejante fenómeno- gracias al Servicio de Videodistracción que hay instalado en el interior de los autobuses y que igual te informa de ese hecho astronómico como te recuerda que Bette Davis dijo una vez "Volvamos a esos días felices en los que había héroes" antes de anunciarte la próxima parada de un viaje doméstico que uno decide por el simple hecho sentirse como en un párrafo de Lowry: "El autobús cambió de marcha (...): empezar; empezar; empezar de nuevo; comenzar una vez más; henos aquí, en la mañana azul".

Henos aquí, en la mañana azul. En Santa Aurelia, ante la entrada de la parroquia de San Lucas Evangelista, en el número 1 de la calle Dobla, que hace de frontera con las "casitas de San Fernando", según información obtenida de un amable vecino que ha salido a pasear al perro y a quien pregunto dónde estoy.

Perfecto. A deambular. En la dirección que sea, sin mapa ni GPS, tan sólo leyendo rótulos y placas. Llego al Parque Amate. Entro. Por primera vez en mi vida, después de tantísimos años aquí. Y me alegro de hacerlo. Porque me alegro de que esta ciudad, pero sobre todo esta parte de la ciudad, tenga un parque así, con gente disfrutando de la apacible mañana azul de domingo: parejas, solitarios, familias... Y en los cascos sonando Dylan Thomas, de Better Oblivion Community Center, mientras paseo por el Camino de las Bauhinias sintiendo el enorme placer de estar ignorando, sin el más mínimo interés por ella, la actualidad bronca y ponzoñosa y disfrutando en toda su plenitud del lado amable de la vida en el Parque Amate.

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