La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El ministro pícaro y el catalán impresentable
Los relojes parados dan la hora dos veces al día y Trump, alguna vez, puede decir una verdad. Con sus modos groseros de matón, por supuesto. Ha cabreado y ofendido mucho que, en la reunión de Davos, entre otras muchas chulerías y mentiras, nos dijera a los europeos: “Sin nosotros, ahora mismo todos estaríais hablando alemán y quizás un poco de japonés”, refiriéndose a la Segunda Guerra Mundial que, dijo, “nosotros ganamos a lo grande”. A los políticos, opinadores e incluso algunos historiadores les dio un patatús y un ataque de ira. Y apelaron al papel del Reino Unido, la URSS y la resistencia. Pero tenía algo de razón, por mucho que pese decir que Trump la tenga.
La Segunda Guerra Mundial la ganaron, por supuesto, los aliados con el Reino Unido como punta de lanza y las dos grandes potencias, USA y URSS, como elementos decisivos atacando por los frentes occidentales y orientales. Nada que objetar al papel heroico del Reino Unido, sobre todo cuando, entre septiembre de 1939 y diciembre de 1941, combatió sola contra un Hitler que se había zampado toda Europa, escribiendo una de las páginas más gloriosas de la historia. Nada que objetar tampoco al papel heroico de la resistencia en los países ocupados, aunque nada hubieran podido sin la ofensiva estadounidense, primero, y soviética, después. Pero lo de la URSS es harina de otro costal.
Desde septiembre de 1939 a junio de 1941, en virtud del pacto Molotov-Ribbentrop, Stalin le dejó las manos libres a Hitler, además de repartirse Polonia con él y regarle las repúblicas bálticas, para que se comiera toda Europa Occidental con el propósito, hoy documentado, de zamparse él después la Europa que Hitler había conquistado y machacado. Con la Comintern ordenando a los partidos comunistas europeos que no lucharan contra los nazis en una guerra que, de Dimitrov a Pasionaria y Thorez, calificaron como “imperialista”.
La Operación Barbarroja, como todos sabemos, cogió por sorpresa a Stalin y provocó la entrada de la URSS en la guerra. A partir de entonces, sí, su intervención fue tan decisiva como heroica y trágica: más de 26 millones de soviéticos civiles y militares perdieron la vida. Pero solo después de que Hitler rompiera el pacto. Así que, ciertamente, sin los ingleses y los americanos estaríamos hablando alemán… O ruso.
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