La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
SE ha cumplido una nueva etapa en el proceso para evitar el concurso de acreedores, tras la aprobación del plan de viabilidad y de la oferta a negociar con los acreedores que ha realizado el consejo de administración de la compañía el lunes pasado.
Se puede sintetizar, casi, en un retorno a la "casilla de salida" de 2005, fecha del plan estratégico que abrió el camino a la producción de biocombustibles y a la promoción y explotación de plantas de generación termosolar. En definitiva, un enfoque en las actividades tradicionales de ingeniería y construcción que han sido distintivas de la empresa, si bien y en relación con aquel año ya no están en la cartera ni Befesa ni Telvent, dos desinversiones obligadas por el elevado nivel de endeudamiento progresivamente adquirido para financiar el desarrollo de la estrategia.
Es este, la aprobación del consejo, el primer paso necesario para proceder a la negociación con los acreedores bancarios, con los propietarios de bonos y con los acreedores comerciales. De la negociación de la quita de la deuda y de los plazos de pago que estén dispuestos a aceptar dependerá la redacción del plan de viabilidad que ha de ser presentado al juzgado antes del 28 de marzo. Esta es la fecha límite que marca la ley desde la solicitud de acogerse a lo dispuesto en el artículo 5 bis de la ley concursal, habitualmente conocido como "preconcurso" aunque lo que la ley ofrece es un procedimiento para evitarlo, protegiendo a la compañía durante un período de tres meses de negociación más uno adicional para la presentación del plan de viabilidad. Si la justicia acepta este plan, cuya factibilidad viene dada en gran medida por la aceptación de los acreedores, se procede a someterlo a la aprobación de la junta de accionistas. Éstos son, lógicamente, los que tienen la última palabra.
La Bolsa parece haber acogido con satisfacción la presentación del plan al consejo de administración y la aprobación de éste, manifestada en la subida de la cotización tanto de las acciones de clase A, las que conllevan derechos políticos, como las de clase B. Aunque es más que probable que estas alzas sean debidas a meros movimientos especulativos que a una convicción profunda sobre el valor futuro de la compañía.
El plan contempla la progresión en la reducción de costes, la desinversión de una línea completa de negocio, la bioenergía, y la desinversión también en activos que no habían sido vendidos a la actual Atlantica Yield. Es probable que haya que vender proyectos iniciados, aunque la empresa intentará mantenerse en la ejecución. En esa reducción de costes el principal capítulo corresponde a los costes laborales, continuando los despidos derivados de la finalización de contratos temporales y de los empleos vinculados a proyectos concretos que hayan sido suspendidos o cancelados. No se ha producido todavía un expediente de regulación de empleo, lo cual es comprensible porque aunque sería inobjetable conforme a la legislación, habría de introducir un período de negociación y unas incertidumbres en su coste y alcance que serían más bien inoportunos en las circunstancias actuales. Parece haberse asumido el compromiso de mantener los empleos indefinidos, al menos eso se le ha dicho a los sindicatos, pero que esto pueda mantenerse dependerá del éxito del programa de desinversiones y de la aceptación de la reducción de deuda por parte de los acreedores. Además, claro está, del volumen de empleo que requieran las actividades que permanezcan en el seno de la nueva Abengoa.
El plan presentado al consejo es esencialmente un plan operativo, no un plan financiero. Así se ha comunicado el hecho relevante a la CNMV y así lo ha denominado el actual presidente de la compañía, persona que está haciendo un trabajo digno de aplauso por la responsabilidad que ha asumido y por la serenidad con la que está conduciendo una situación complejísima. Es operativo porque se enfoca en la selección de actividades y de activos a desinvertir para reducir el endeudamiento, a la vez que se identifica el core business a mantener, cuyos resultados operativos tendrán que suficientes para atender el servicio de la deuda, una vez reestructurada ésta.
Esta es la variable importante del plan financiero, el montante anual del servicio de la deuda que la nueva Abengoa pueda afrontar. Esto es, en mi opinión, un asunto central. Sería un autoengaño por parte de un acreedor no aceptar la quita que pueda permitir la continuidad de la compañía, porque la alternativa inevitable será el concurso de acreedores y la no improbable liquidación. Y este es, muy posiblemente, el peor escenario para un acreedor financiero o comercial, ya que la venta o subasta de los activos que restasen proporcionaría muy poco dinero en relación con el montante de la deuda. El valor de una empresa de ingeniería es sólo el de su capacidad de hacer; es decir, el de concursar, ganar y ejecutar contratos con rentabilidad. Puede tener valor de mercado si hay un comprador interesado en adquirirla porque le interesen su posición competitiva, sus recursos humanos y, por qué no, su capacidad de I+D. Pero los activos vendibles de una empresa de ingeniería en concurso son poco más que el o los edificios, los equipos técnicos, o las patentes que titule.
Parece haber discrepancias de posición entre los acreedores bancarios y los titulares de bonos, incluyendo lo relativa a la capitalización de la deuda. Buena parte de los bonos han sido adquiridos con bastante descuento, por lo cual una quita del 60% o del 70% los dejaría incluso por encima del valor al que han sido comprados. Por ello no es extraño que hayan ofrecido un préstamo para que la compañía pueda proseguir temporalmente su actividad, culminando al menos el proceso preconcursal. Eso sí, el tipo de interés pedido es bastante elevado, aunque congruente con el riesgo que corren. Parecen más renuentes los acreedores bancarios, entre los cuales los supervisados por el Banco de España se han visto obligados a provisionar el 25% del importe de sus créditos contra los resultados de 2015, que era algo que aspiraban a evitar facilitando que el concurso, de producirse, tuviera lugar en 2016. No va a ser fácil la negociación con los acreedores bancarios, son numerosísimos aunque el riesgo esté bastante concentrado, pero tienen que atenerse a sus propios procedimientos de decisión establecidos, en los que no tienen mucha cabida las peticiones de generosidad y apoyo que hagan la sociedad o sus representantes políticos. La asunción de la razonabilidad del plan operativo presentado esta semana, la capacidad de desinvertir todo lo previsto y la futura capacidad de generación de resultados van a ser lo verdaderamente determinante.
También te puede interesar