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Carlos Navarro Antolín

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El pos-sanchismo que debe venir

La vida política española tiene el guion de un vodevil que no conduce a nada bueno, el 23-J fue un salvavidas para el PSOE ¡Viva el vino en Netflix! En verano, Juanma, el momento es en verano

Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez. / Agencias (Madrid)

En condiciones normales deberíamos estar en el tardosanchismo. Pero el presidente dice que tiene el tesoro más valioso del mundo: "Todo el tiempo por delante". Por eso anuncia (Anunttio vobis gaudium magnum) que agotará la legislatura. La piedra angular de este mandato es una ley que no sacia a quien la exige, que cuando menos genera serias e importantes dudas sobre su constitucionalidad y que divide al propio partido socialista, aunque la estética sea la del pensamiento único, pues la disidencia pública es un lujo al alcance de pocos. Ay, de los tiempos de críticos, renovadores, felipistas, guerristas y hasta turborrenovadores. Si Felipe tenía  la bodeguita y los bonsáis, Aznar la pista de pádel y Zapatero la canasta para el baloncesto, Sánchez debe tener tantos conejos como chisteras y tantos viajes de Estado programados para desviar la atención de desastres como Galicia aunque luego, ay, nos salga rana un tal Koldo. El enemigo siempre, siempre, está dentro. Llevamos tres meses de Gobierno y la vida política española tiene el guion de un vodevil que no conduce a nada bueno. Algo hemos tenido que hacer irremediablemente mal para merecer tanto caos. Aquella que se anunció como la nueva política ha derivado en unas prácticas que en otros tiempos hubieran sido reprobables y que hoy damos como absolutamente normales. No porque antes no hubiera corrupción, que la hubo y bien grave, sino por las formas con las que tratan entre unos y otros y por el descaro con el que se orillan de la agenda los temas que realmente interesan a los ciudadanos. Todo está condicionado por un tipo, nunca se olvide, que se fugó en un maletero y que impone los tiempos hasta el punto de parecernos algo absolutamente lógico. No hay duda de que en España tenemos buenas tragaderas. Al menos no nos asustamos de nada. 

No es fácil que la legislatura se agote. El PSOE tendrá que asumir el pos-sanchismo, una etapa aplazada por la carambola de los números del 23-J. En Andalucía, otrora tradicional granero de votos del partido, no hay síntomas de recuperación. Galicia ha hundido más los ánimos. El campo ruge. La vivienda es un problema muy serio que veremos si soluciona la última normativa que corrige aquel decreto que fijó en el 80% los límites del préstamo hipotecario. La sesión con los enfermos de ELA en el Congreso fue una vergüenza por las ausencias de sus señorías. Los grupos de la oposición, especialmente el PP, deberían haber tenido más tacto si después acusan al Gobierno de estar alejado de la realidad de la calle. Ninguna decadencia es exclusiva. Si el PSOE sale mal parado de las elecciones vascas estaremos más cerca de ese pos-sanchismo que no tiene que ser necesariamente regenerador. El 23-J fue un salvavidas temporal. No es una percepción, es una convicción. No hay casualidades. El PP gallego suma mayorías absolutas porque está arraigado en la vida de los ciudadanos, como en tiempos lo estuvo el PSOE en Andalucía. 

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