La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
CON el nombre de shorting o a corto, se identifican posiciones sobre un valor o índice en un mercado que se cree que va a evolucionar a la baja. En teoría, las posiciones cortas no tienen por qué ser censurables, pues de la misma manera que se empujan valores y mercados a alzas que luego corrigen bruscamente, ¿por qué no permitir las expectativas en sentido contrario? Sin embargo, hay una cierta asimetría en la consideración hacia quienes recomiendan un valor y estiman que hay razones para que suba, y los que juegan a la baja. En este último caso, se les acusa con frecuencia de manipulación de la información para provocar la baja, sin tener en cuenta que lo mismo puede aplicarse a las recomendaciones e interpretación favorable de datos y operaciones societarias, que hemos visto frecuentemente en los últimos años en España. Lo que ha provocado la intervención de las autoridades, suprimiendo las operaciones a corto en los periodos más dramáticos de la crisis, y ahora en operaciones concretas contra empresas españolas, es la posible manipulación de los mercados y la difusión de información falsa.
Un inversor que piensa con fundamento que un valor está caro y tiene que bajar de precio puede pedir prestado ese valor, a cambio de una garantía financiera, venderlo y en la fecha fijada para la devolución volver a comprarlo más barato obteniendo una ganancia. También puede comprometerse a venderlo a un tercero a quien interese tener ese valor a un precio fijo determinado a una fecha; el inversor a corto compra entonces los títulos que, si tiene razón, habrán bajado de precio, y recibe el precio más elevado pactado.
Los hedge funds o fondos de inversión libre, que invierten con endeudamiento, han sido muy activos en los últimos tiempos, apostando a la caída de entidades y mercados. El problema con estas operaciones es que la venta de los valores que se toman en préstamo fuerza efectivamente la caída del valor del mercado, y después es fácil recomprarlo al precio más bajo que se ha provocado. Pero no es muy diferente a inflar un valor manteniendo una presión compradora.
En estas prácticas no hay nada criticable; pero sí lo es la difusión de información falsa y, en cierta medida, aprovechar posiciones de dominio. El caso de Porsche ha sido especialmente llamativo estos días, pues es el principal accionista de Volkswagen, y ha conseguido confundir a los fondos de inversión, que apostaban por una convergencia del valor de las acciones de ambas sociedades y tomaban posiciones a corto contra Volkswagen. Hace unos días Porsche desveló que, además de su participación del 43%, tenía contratos de derivados por el 32% de Volkswagen, con lo que prácticamente no quedaban acciones en el mercado y los fondos tenían forzosamente que comprar para afrontar sus operaciones a corto. Las acciones pasaron de 200 euros a mil; Porsche ejerció sólo el 5% de sus derivados, ganó unos 9.000 millones de euros y liberó el resto, con lo que las acciones cayeron de nuevo. El juego del shorting es, cuando se juega noblemente, muy arriesgado; pero los reguladores y muchos ciudadanos preferirían que los negocios se hicieran construyendo buenos coches más que con ingeniería financiera.
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