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La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los siglos no son por casualidad

El Papa se refiere con normalidad a la posibilidad de marcharse, unas reflexiones imposibles en cualquier político con poder

El papa Francisco

El papa Francisco

No conozco un político en el ejercicio del poder que haya planteado la posibilidad de dimitir y haya precisado que, de hacerlo, no sería ninguna catástrofe. “La puerta está abierta y es una de las opciones, no sería algo extraño”. Ha sido el papa Francisco quien se ha referido con la mayor naturalidad a la posibilidades de dejar el ministerio petrino como ya hizo Benedicto XVI, que vive en un retiro de reflexión y serenidad. Está claro que la Iglesia es una organización especial, la más antigua en la historia de la humanidad, y que no los cuenta por siglos por una casualidad. No es que Francisco se vaya a marchar ya, como quisieran los sectores más recalcitrantes, pero es consciente de sus limitaciones como cualquier ser humano. Su ejemplo llama la atención por poco habitual. El personal no se baja del machito ni a tiros, vende el alma al diablo por mantenerse en el cargo y pacta con quien sea para perpetuarse en el poder.

El Papa es distinto. La institución está por encima con independencia de quien ocupe la sede. El pontífice, que se estrenó con una defensa de la ancianidad en uno de sus primeros discursos, ha llegado a ella en plena actividad, con un viaje pastoral a Canadá y ofreciendo ruedas de prensa de 45 minutos en el avión de regreso. Cada vez vivimos más y, por fortuna, llegamos con mejor calidad de vida al invierno de la vida. Quién sabe si pronto tendremos dos papas eméritos. El caso es que nos tenemos que acostumbrar cada día más a contar con eméritos en diferentes actividades profesionales. Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, está al borde de los 80 años. Lucha contra la inflación con una segunda subida de los tipos de interés. El papa Francisco tiene 85. Lidia con un mundo que sufre una profunda crisis de valores, que está cambiando el equilibrio de las fuerzas en favor de China, una nación poco amiga de la Iglesia, y en una sociedad con cada vez menos sentido de lo trascendente. Dos octogenarios, dos grandes líderes del mundo en plena actividad. Pero el espiritual es el único líder que se refiere con soltura a la finitud de sus fuerzas y, por tanto, a la posibilidad de “echarse a un lado”.

Años lleva Benedicto sin decir ni pío, ni enturbiar, ni buscar protagonismo. No es que haya sabido irse, que lo supo, es que sabe estar fuera de la escena. Se trata sencillamente de otro nivel. Solo con profundas convicciones se puede actuar con tanta naturalidad en donde el común de los mortales desbarra. Los políticos cuando se ven obligados a marcharse están deseando que el teléfono suene para homenajes, premios y entrevistas. El alemán se fue. Lo anunció en latín. El argentino dice que no pasaría nada si se fuera. Veintiún siglos de complicada historia no son por casualidad.

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