¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Lo que ya sabíamos: don Juan Carlos paró el golpe
En estos días, a media voz y sin grandes alharacas, como a menudo requieren las cosas que se saben trascendentes, se ha producido un episodio trascendental para el PP y para toda la derecha española. Me refiero al documento hecho público el pasado martes en el que la dirección del partido fija el decálogo básico para las negociaciones en curso con Vox en Extremadura y Aragón, así como, muy previsiblemente, en Castilla y León y Andalucía tras sus citas electorales de los próximos meses.
De ese decálogo, sin duda el punto más trascendente es el 8, en el que se clarifica la posición del PP sobre prácticamente todos los asuntos que hoy alimentan el malestar del pueblo español, muchos de ellos ignorados o minusvalorados por el partido. Tomo el resumen que de ese punto central ha hecho Libertad Digital por ser este un medio tan afín al PP que no puede temerse una lectura sesgada en su contra: “Entre las medidas que declara como “prioritarias” que competen al ámbito autonómico, enumera la fiscalidad, la burocracia administrativa, la sobrerregulación que afecta al sector primario, una apuesta por la política energética eficiente, construir viviendas, luchar contra la okupación, mayor control migratorio, apostar por la natalidad, no adoctrinar en las aulas o recuperar la cultura del esfuerzo. El PP apuesta también por prohibir el burka o el niqab, la condena de toda violencia, incluida la machista; apuesta por la oportunidad para los jóvenes, reforzar la seguridad y la sanidad pública”.
En conjunto, estamos ante el mayor giro a la derecha en el principal partido de la oposición desde la elección, frente al aparato rajoyista, de Pablo Casado. La asombrosa torpeza política del personaje hizo imposible entonces la reconexión del PP con sus decepcionadas bases electorales y ha llevado directamente a la situación actual, en la que se hace necesario pactar con Vox, y con nadie más porque nadie más está dispuesto a pactar con el PP, hasta los alcaldes pedáneos. La respuesta desabrida de Abascal, la recogida de velas de Feijoo (sin acento, por favor), el desmarque de Moreno Bonilla, forman parte de la coreografía previsible, pero se ha creado un marco, un campo enorme de posible entendimiento que es necesario reconocer y saludar.
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