José Muñoz

¡Ojalá fuese todo como un carnaval!

Mezcla de intrigas y complacencias ante lo oculto y desconocido. ¡Esto es carnaval! ¡Música maestro, chirigotas al poder, va por ellos! Los antifaces urbanos que armonizan y dan colorido al juego ilusorio de inocencias con guiones de picardías. Sátiras y críticas hacia las originales comparsas, aquellas que nos complacen, nos concilian y enamoran bajo la batuta orquestal de la economía y el baile carnavalesco de la necesidad y, por extensión, de la manipulación.

La soberanía del pueblo no debería llevar ningún disfraz con el que desenmascararse cada cuatro años, ni la libre designación de nuestros representantes condensarse ante los ocultos designios que los programas electorales conllevan a posteriori. Habría que articular formulas para ajustar en la práctica el verdadero sentir de la democracia. Es decir, a cara descubierta el sentir popular. Quizás sólo entonces la realidad de los disfraces cobraría valor humano en este folclore de la vida llamado convivencia.

¡Ojala la vida fuera así, como un carnaval, teniendo como premisa reírnos de nosotros mismos para así poder respetar a los demás! El humor y la música condicionarían el resto de los ingredientes para que los diferentes sentidos armonizasen el arte y la gracia. ¡Esto es carnaval! 

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