Cristina Nieto Figueras

La antiuniversidad

Tras una semana completa, tres ordenadores y tres personas con amplia experiencia docente y académica intentando el complejísimo y opaquísimo proceso diseñado por la Universidad de Sevilla, parecía que mis tres solicitudes a profesor interino habían sido correcta aunque dolorosamente formalizadas. Sin embargo, tras hablar con una compañera que estaba en la misma odisea que yo y que cualquier aspirante, descubrí que mis méritos, aunque elevados en la correcta pestaña y en el formato exigido, posiblemente no serán tenidos en cuenta, ya que la forma de nombrarlos no incluye una enumeración concreta. Es decir, “actividad docente” no vale: debe ser “II. Actividad Docente”. Por poner un ejemplo.

Recientemente solicité varias plazas para Profesor Ayudante Doctor en la Universidad de Málaga. Al igual que en la de Sevilla, todo el proceso fue digital: diseño del currículum, subida de méritos, cumplimentación de solicitudes, pago de tasas, y registro telemático. Sin embargo, el sistema informático no “se caía” cada dos por tres, ni estaba sujeto a mil y una reglas cada cual más ilógica. Y por supuesto, mis méritos están siendo valorados, con o sin enumeración.

Para unas plazas de interino en Sevilla, se requiere visionar 7 vídeos y 2 guías, y una semana de arduo esfuerzo (tanto es así, que ampliaron el plazo). Para unas plazas de mayor categoría (Doctor) en Málaga, me bastó con una tarde. Para éstas, un camino intuitivo, transparente, ágil. Para aquéllas, la Pasión de Cristo. ¿Esto es la Universidad? En Málaga, sí. En Sevilla, es su antítesis. En Málaga, se fomenta el espíritu académico. En Sevilla, el homérico.

Finalmente y pese a estar dentro del “ampliado” plazo, decidí no rectificar: no me compensa participar en procesos pensados para fines distintos a los académicos. Las epopeyas, para los aventureros y poetas. Yo soy Geógrafa. 

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