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Enrique S. Romá

El mejor salto de Simone Biles

Cuando todo el mundo esperaba ver a la gran gimnasta norteamericana Simone Biles volando sobre el tapiz en Tokio, batiendo todos los registros y colgándose varias medallas de oro, para añadir más gloria a su inmaculado palmarés, la noticia de su retirada, primero en las pruebas por equipos y posteriormente en las individuales (finalmente participará en la última), por una insuperable ansiedad, cayó en los aficionados como un jarro de agua fría, como una enorme desilusión y como un mazazo para la organización de unos Juegos que veían cómo se descolgaba de la competición uno de sus principales atractivos. Para los amantes del deporte y de la gimnasia en particular, en un primer momento fue una tremenda decepción, pero a medida que nos hemos ido enterando de los motivos que le han impulsado a tomar tan dolorosa decisión, hemos podido comprenderla y ponernos en su lugar, por la singularidad de un caso que no ha estado motivado por una lesión física, como se podría suponer, sino por algo mucho más penoso, como lo es el hecho de haber tenido que abandonar debido al estrés y a la ansiedad que le ha producido su nivel de autoexigencia y de presión externa al que ha estado sometida. Sentimos no haber podido disfrutar en su totalidad con el talento de esta prodigiosa gimnasta, pero nos alegramos de que se haya decidido a dar un salto cualitativo, en lo que respecta a su salud mental, quizás el mejor salto de su vida. 

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