El patrimonio histórico, mucho más que monumentos

La protección de los cines Cervantes, Llorens y Trajano no debe ocultar lo mucho que queda por hacer en materia patrimonial

Sevilla conserva uno de los patrimonios histórico-artísticos más importantes de España, pese a que, durante siglos, ha estado sometido a un continuado expolio y destrucción (invasión napoleónica, revolución de 1868, quemas de templos durante la II República, aniquilación del caserío histórico durante el franquismo...). Con la llegada de la Democracia, la sociedad civil pareció tomar conciencia de la necesidad de la conservación y uso de dicho patrimonio, pero las agresiones no han cesado. Aun así, es evidente que se ha avanzado mucho en esta materia, sobre todo en lo que a los monumentos más singulares y antiguos se refiere, aunque no tanto en los paisajes urbanos. Un ejemplo claro lo vemos en la arquitectura regionalista, que, pese a los esfuerzos realizados últimamente en Nervión, sigue siendo víctima de la piqueta en lugares como El Porvenir, en el que poco a poco se está sustituyendo el caserío antiguo por otro de nueva planta, desfigurando este barrio singular de la Exposición del 29. Las agresiones hoy en día no se producen contra las iglesias mudéjares, sino contra algo mucho más sutil: el contexto urbano y antropológico. Es incomprensible que en una ciudad como Sevilla, que tras Barcelona es la segunda de España con mayor patrimonio de titularidad municipal, no se desarrollen desde el Ayuntamiento unas políticas mucho más ambiciosas y efectivas en esta materia, pese a contar con herramientas tan potentes como la Guía del Paisaje Histórico de Sevilla, realizada por el IAPH y que duerme el sueño de los justos en internet. También se echa en falta una mayor implicación de la Junta de Andalucía. La reciente protección de los cines Cervantes, Llorens y Trajano, que han sido incluidos por fin en el catálogo de Bienes Interés Cultural, es una buena noticia que, sin embargo, no debe ocultar lo mucho que queda por hacer en nuestra ciudad. El patrimonio de Sevilla es mucho más que el Alcázar, la Catedral o cualquier otro hito. Mientras no comprendamos esto, la ciudad seguirá siendo destruida.

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