Conmemoración

Cada 26 de abril debería ser el Día de los Niños

Cada 26 de abril debería ser el Día de los Niños Cada 26 de abril debería ser el Día de los Niños

Cada 26 de abril debería ser el Día de los Niños

Aunque sea para desatarse con una carrera hasta la vuelta de la esquina los niños españoles volverán este domingo a hacerse oír por las calles.

Se lo merecen los padres, pero sobre todo ellos, los más pacientes de esta cuarentena, una generación que de manera inesperada se ha visto envuelta en la experiencia colectiva más traumática de nuestras vidas. Son los que mejor ejemplo han dado en las familias, como testimonian los miles de vídeos que han dado vueltas y re-vueltas por nuestras pantallas.

Estamos en deuda directa con estos niños para legarles un país mejor. Se lo han ganado y cuando sean mayores nos lo recordarán y puede que hasta nos lo echen en cara.

Como mínimo cada 26 de abril a partir de mañana, cada último domingo de abril, debería elevarse como el Día de los Niños, una jornada que recuerde la abnegación con la que los pequeños han aguantado esta cuarentena literal, sobrellevando cada uno las circunstancias de sus respectivas familias. Cada 26 de abril deberían de volver los Reyes Magos, o algún emisario, aunque sea primavera rotunda, para que los mayores tengamos presente hasta qué grado de madurez pueden tener nuestros hijos cuando se les entrega una responsabilidad como la de permanecer en casa y chitón.

Cada 26 de abril habría que recordar a los niños que murieron por coronavirus y a tantos padres y abuelos, que nos dejaron.

Estos niños españoles, que seguro que en cualquier parte brincan con la bandera si juega la selección porque no tienen complejos ni cuentas lejanas que ajustar, se merecen una España sin confrontación. Una España que no se tire los trastos a la cara.

Una España que tenga a unos gobernantes a la altura de su pueblo, no unos dirigentes que entre decenas de miles de muertos y centenares de miles de enfermos y profesionales en precario aún tienen tiempo para atizar al Rey, a los jueces y a las instituciones que nos deberían unir y reunir y no dividir y excluir.

Estos niños ya tienen a sus muertos a quien llorar, que bastante tragedia tienen muchos ya en estos momentos como para seguir azuzándoles con el frentismo y el enfrentismo  de rencillas que deberían de haberse aplacado tras 40 años de democracia. Algunos, usted sabe, han preferido hacer negocio nuevo de afrentas viejas.

Los niños se merecen un día de respeto y un futuro más limpio. No nos hemos dado cuenta del valor de la generación que estamos criando.

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