La Audiencia mantiene en prisión a los sospechosos del crimen de las cuñadas
Crimen de La Rinconada
Confirma que los indicios apuntan a la participación de los tres imputados en el asesinato de Anabel Deza Vázquez.
La Audiencia de Sevilla ha confirmado la prisión provisional de Elena N. S., uno de los tres sospechosos del asesinato de Anabel Deza Vázquez, que fue hallada muerta el pasado 19 de abril en su vivienda de La Rinconada.
El juez de refuerzo de Instrucción número 6 de Sevilla José Ignacio Vilaplana decidió el pasado 16 de junio confirmar la situación de prisión provisional, comunicada y sin fianza para los tres sospechosos del asesinato, si bien Elena N. S. recurrió en apelación ante la Audiencia de Sevilla, cuya Sección Primera ha decidido ahora que siga en la cárcel.
La Audiencia ha confirmado la prisión al entender que de la instrucción practicada "se desprenden diversos datos probatorios de suficiente potencialidad que proporcionan una sólida apariencia de imputación subjetiva respecto de los recurrentes". Así, explica que de los hechos resulta de modo indiciario la comisión de un delito de homicidio o asesinato en la mañana del 19 de abril, cuando "presuntamente la recurrente en compañía de los otros investigados se personaron en la vivienda de Anabel Deza Vázquez, viuda del hermano de ésta, con la que constan desavenencias familiares, y la agredieron asestándole varias puñaladas en el cuerpo, golpeándola con violencia en la cabeza, hasta causarle la muerte".
Los indicios racionales "bastantes" para creer responsable del delito a Elena N. S. vienen determinados, según la Audiencia, por las declaraciones prestadas por los testigos que relataron que las dos cuñadas y el novio de una de ellas, se presentaron en el domicilio de la víctima y escucharon gritos de "socorro, socorro, que me matan, ayudadme que me matan". Los testigos dejaron de escuchar los gritos y vieron salir de la casa de la víctima a los tres sospechosos, "tras cerrar la puerta con llave y comprobar que no habían sido vistos".
Elena N. S. fue identificada por testigos que la conocían con anterioridad a los hechos y además fotográficamente, añade el auto de la Sección Primera.
El tribunal recuerda que el delito que se le atribuye lleva aparejadas penas de 15 años de prisión, en caso de homicidio, y valora además el riesgo de fuga o sustracción a la acción de la Justicia, para cuya apreciación, hay que atender a la gravedad del delito y de la pena para la evaluación del riesgo, de forma que, "a mayor gravedad más intensamente cabe presumir la tentación de la huida".
La Audiencia valora igualmente el posible riesgo de reiteración delictiva y concluye que, "de lo actuado, existen indicios en este momento procesal de la participación de la recurrente", por lo que desestima el recurso y confirma la prisión.
A principios de junio Elena N. S. negó su participación en el crimen y alegó ante el juez que en la mañana de autos se hallaba "trabajando" en el servicio municipal de limpieza, por lo que no participó en los hechos. Los otros dos investigados, Rosa N. S. y su novio Francisco Javier M. R., se volvieron a acoger a su derecho constitucional a no declarar.
Al término de las comparecencias ante el juez de refuerzo de Instrucción 6 de Sevilla José Ignacio Vilaplana, la Fiscalía de Sevilla solicitó que se mantuviera la situación de prisión provisional para los tres sospechosos, dada la gravedad de los hechos que se le imputan, el riesgo de fuga y de que puedan destruir pruebas relacionadas con la causa.
La investigación apunta a que las dos cuñadas y el novio de una de ellas son los presuntos responsables del asesinato, y a que habrían agredido a la joven con un objeto contundente en la cabeza, además de haberle asestado numerosas puñaladas que superan las 50. De hecho, la autopsia ha confirmado que el cuerpo de Anabel presentaba hasta 66 heridas distintas, 23 de las cuales son traumatismos localizados en la cabeza.
Anabel Deza Vázquez pidió auxilio a sus vecinos pero la ayuda no llegó a tiempo. Varias personas que han prestado declaración en calidad de testigos protegidos han relatado a la Guardia Civil y al juez que investiga el crimen de las cuñadas cómo la mujer pidió auxilio a sus vecinos. "¡Socorro, socorro, ayudadme, que me matan!", fueron los gritos que en torno a las diez de la mañana -uno de los testigos sitúa esa petición de auxilio a las 9:55- podían oírse en el número 5 de la calle Gerardo Diego de La Rinconada. Según los testigos, sólo se escuchaba la voz de Anabel y eran gritos "muy desesperados", que se oían desde la calle. Tras escuchar la llamada de auxilio, los testigos relatan que pudieron comprobar cómo alguien "cerraba las ventanas de la vivienda" y, a continuación, se hizo el silencio. Todo sucedió muy rápido, según los vecinos. Precisamente en las ventanas se detectaron manchas que, a la espera de los análisis oportunos, podrían ser de sangre.
Según los testimonios recabados por la Guardia Civil y que constan en el sumario, un hombre salió de la casa y se subió a un Peugeot 206 de color blanco. A continuación, dos mujeres -identificadas por estos testigos como cuñadas de la fallecida- abandonaron igualmente la vivienda, una de la cuales cerró la puerta de la casa "con llave" y otra llevaba un bolso negro que se colgó del hombro. Otro de los testigos apunta a que los tres sospechosos, cuando salieron de la casa, "miraban el entorno como si se aseguraran de que no los hubiera visto nadie en el lugar".
Uno de los testigos relató igualmente que las relaciones de Anabel con sus cuñadas no era buena y afirmó que tan sólo unos diez días antes del crimen, estas mismas mujeres que vieron saliendo del escenario del crimen se habían presentado en la vivienda y habían estado insultado a Anabel, a la que "culpaban" de la muerte de su marido, Diego, quien había fallecido en diciembre pasado de un ictus.
De otro lado, la Guardia Civil sospecha que Anabel Deza Vázquez podría haber estado colaborando con la familia de su marido almacenando droga y dinero, aunque los agentes reconocen que no saben si esta acción pudo realizarla voluntariamente o coaccionada por su familia política. El atestado pone de manifiesto que entre Anabel y la familia política de ésta, en concreto, los hermanos de Diego -su marido, que falleció en diciembre pasado de un ictus-, existían problemas anteriores. Según expone la Guardia Civil, a través del Equipo de Investigación del puesto de La Rinconada, se pudo conocer cómo la familia de Diego "estaría vinculada al tráfico de drogas" y que "varias hermanas de este individuo poseen un punto de venta de drogas en San José de La Rinconada". Ese punto de venta de sustancias estupefacientes estaría ubicado, en concreto, en el domicilio de Rosa y Elena N. S., y según los agentes, el novio de Rosa, Francisco Javier M. R. usaba habitualmente un Peugeot 206 de color blanco similar al que fue visto tras el crimen en el número 5 de la calle Gerardo Diego, donde residía la víctima.
La enemistad de Anabel con los familiares de su marido ya había sido denunciada al menos en una ocasión, en el año 2011, según recoge el informe policial, que pone de manifiesto que el 5 de noviembre de ese año varios familiares habían "amenazado con que iban a matarla con un cuchillo" si Anabel echaba a Diego de la casa. Anabel solicitó entonces una orden de alejamiento contra varios hermanos de Diego, entre los que se encontraba precisamente Rosa N. S., su cuñada y una de sus presuntas asesinas.
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