La acusación compara el asesinato del agricultor con el caso de Caín y Abel
Sostiene que fue un crimen "a sangre fría", mientras que la defensa insiste en la teoría que apuntaba a un grupo de rumanos
La abogada María José González, que ejerce la acusación particular contra Francisco Gutiérrez Carrasco, que se enfrenta a 23 años de cárcel por el asesinato de su hermano Manuel, comparó ayer este crimen con el de "Caín y Abel" y afirmó en su informe final en el juicio que el procesado cometió el crimen "a sangre fría".
En su alegato final, la letrada que representa a la viuda y a los tres hijos de la víctima defendió que este asesinato le recuerda al relato bíblico de Caín y Abel, y sostuvo que las pruebas indirectas señalan la autoría de Francisco, como los restos de pólvora hallados en el vehículo, en su sombrero y en su cinturón. La acusación insistió en que el inculpado tenía una pistola similar a la empleada en este crimen y en el intento de homicidio del aristócrata Jaime Melgarejo, que recibió un disparo en la cabeza unos meses antes y que tuvo un pleito con el procesado por el arrendamiento de unas tierras en el que Francisco Gutiérrez perdió su vivienda.
María José González reiteró que el móvil del asesinato fue la situación económica "desesperada" que tenía el acusado y que le había llevado a pedir dinero a todo el mundo para tratar de evitar la "dación en pago" de su casa para satisfacer la deuda con el noble.
La Fiscalía, que reclama 22 años de cárcel para el procesado, aseveró en que hay indicios "claros y rotundos" de su participación en el crimen, dentro de un "plan preconcebido" para acabar con la vida de su hermano, al que esperó la mañana del domingo 16 de junio de 2013 en la nave de La Jarilla, un lugar idóneo para el crimen porque no había testigos, según destacó la fiscal. El acusado ejerció su derecho a última palabra en el juicio para defender su inocencia, al afirmar que es cierta su versión de los hechos respecto a los movimientos que realizó la mañana del crimen y añadir que no rindió testimonio ante la juez porque tuvo "miedo a declarar", por su hijo y por su mujer, una afirmación que realizó entre sollozos y que fue recibida con un murmullo en la sala, donde numerosos familiares de la víctima han seguido el juicio.
El magistrado que preside el tribunal con jurado tuvo que pedir al procesado que finalizara su intervención después de que éste comenzara a relatar aspectos colaterales de la historia, en relación con robos "de sandías" en las fincas de su familia y precisó que parte de la plantilla de una planta solar fue despedida por esos robos, por lo que también tenía "miedo" a supuestas represalias de estos ex empleados. A la salida de la sala de vistas, algunas personas increparon al procesado, llamándole "sinvergüenza".
El abogado Nicomedes Rodríguez, que representa al acusado y mantiene su petición de libre absolución, afirmó en su informe final en que no hay pruebas para condenar a Francisco Gutiérrez por el asesinato de su hermano, al tiempo que explicó que se rompió la cadena de custodia en relación con los residuos de disparos hallados en el vehículo y en las prendas personales del acusado, pero sobre todo insistió en esa segunda línea de investigación que apuntaba a un grupo de trabajadores agrícolas rumanos con los que la víctima presuntamente tenía deudas. En esta línea, recordó que un vigilante de seguridad vio hasta en tres ocasiones una furgoneta Renault Partner merodeando por la zona donde se produjo el crimen y además el fallecido recibió mensajes tipo SMS "con amenazas".
Sobre la investigación del intento de homicidio de Melgarejo, la defensa señaló que en su día la causa fue archivada -ahora está reabierta y bajo secreto de sumario- y en la misma Francisco Gutiérrez sólo declaró en calidad de testigo, nunca como imputado. Nicomedes Rodríguez concluyó que hay "ciudadanos rumanos jornaleros que sí son un punto de conexión entre las dos causas".
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