Una vuelta 'forzada' a las fiestas patronales
Después de dos años en los que muchos municipios anularon ferias, éstas se recuperan con un formato menor En Cantillana y Mairena del Aljarafe siguen en suspenso
Cuando en junio de 2011 los nuevos equipos de gobierno tomaron posesión en los ayuntamientos, Sevilla se hallaba en plena temporada de ferias y fiestas que, en algunos casos, apenas estaban montadas por unos consistorios con las arcas a cero. Ello motivó una oleada de suspensiones -no hay dinero, la crisis obliga a atender otras prioridades, se adujo- que se repitió en 2012, pese al esfuerzo de los empresarios de cacharritos -una anulación implica una semana de paro para un sector que ingresa la mitad que hace cuatro años- por ayudar, pagando el montaje y el alumbrado.
Pero parece que a la tercera (temporada) va la vencida y, con excepciones, un centenar largo de municipios va a celebrar sus fiestas, redimensionadas a la baja y en las que las aspiraciones de parecerse a la de Abril de Sevilla se ha desechado para volver, cada una, a su origen: fiestas patronales, o con menos casetas o que se han sustituido por barras en las que colectivos vecinales y cofradías arañan unos ingresos. Muchos pueblos han renunciando a artistas de relumbrón por cantantes y grupos locales y por actividades culturales y deportivas organizadas por las asociaciones de todo el año. Para que todo funcione pues es necesaria mayor participación. En otros casos, como Utrera, aunque habrá espectáculos importantes (este año lleva a Azabache) ya no son gratuitos o las entradas no tan baratas, aunque hay descuentos para desempleados. Los ayuntamientos aspiran a no gastar más de lo que ingresan con las propias fiestas, que están resultando -o esa es la percepción, porque son más pequeñas- incluso más participativas y populares que antes.
Tal vez también en eso se está volviendo al origen: las familias salen y consumen menos fuera de casa, pero se reservan algo de su presupuesto para la feria. "El año pasado, cuando ya destinamos al montaje unos 40.000 euros, lo mismo que recaudamos, los distribuidores confirmaron que el consumo aumentó en un 5%", resume Juan Antonio Zambrano, alcalde de Marchena, donde las fiestas arrancan, con una tercera parte del presupuesto de hace unos años, el día 29. Está convencido que el éxito está en que el vecino se acerque, no en el presupuesto del montaje. En Marchena, el arraigo es importante y nunca se planteó la suspensión. Pesa el que sea un momento de actividad económica: cada caseta crea entre cuatro o cinco empleos, unos diez días. Todos los artistas que actúan, la charanga que recorrerá la feria tras el alumbrado, la banda del pregón, el coro rociero son locales. Las 25 casetas se han mantenido, con algunos cambios de titularidad.
Donde las casetas han desaparecido del todo ha sido en San Juan de Aznalfarache. La crisis ha borrado del viejo enunciado de Feria y Fiestas Patronales el primer sustantivo y el 80% del presupuesto. Las 14 casetas que llegaron a montarse en años buenos, han devenido dos o tres barras y un mercadillo medieval. Sólo la triunfita Soraya puso la excepción al elenco de artistas locales. El gobierno está decidido a mantener el modelo más allá de la crisis, porque ha tenido más aceptación, casi, que la feria.
Justo hoy empieza una de las fiestas anuladas el año pasado y que se recupera, centrada de nuevo ahora en su carácter patronal: las de Gelves. Como en 2011, cuando la fiesta se montó en el tiempo de descuento, el recinto ferial quedará vacío. La fiesta vuelve al centro, a la calle Real y a la Plaza Duque de Alba. Las ofrendas religiosas, los torneos deportivos centran un programa en el que la actuación estrella será la de Sandra Acal, "aspirante al programa de TV Se llama copla", según el folleto oficial. Ayer, se estaban colocando las luces, pero el Ayuntamiento todavía negociaba con los dueños de las atracciones, que estaban amenazando con no montar para que se les librara o se les rebajaran las tasas municipales que deben abonar.
Horas antes, el presidente de la Asociación de Empresarios Feriantes de Andalucía, Andrés Llamas, explicaba que, pese a la caída de ingresos que han sufrido, no pueden bajar los precios que cobran a las familias. Los costes que tienen que pagar se han mantenido o aumentado, incluso. Sólo están más tranquilos este año porque las ferias suspendidas en la provincia sólo son dos: Cantillana y Mairena del Aljarafe, importantes, en cualquier caso. La entidad agrupa a 494 empresarios, con entre dos y catorce atracciones cada uno, un sector -asegura- que se ha apretado el cinturón pero que no ha destruido empleo. Este año, han acudido al rescate de Aznalcóllar, colaborando en el montaje. Llamas asegura que 2012 fue el peor año desde el estallido de la crisis y que 2013 va por el mismo camino.
En Cantillana, la tradicional feria -con arraigo, aunque lejos del que tienen las fiestas que se celebran en torno a la Pastora y la Asunción- se sustituyó por una muestra de empresarios locales, en la que el Consistorio buscó el coste cero. En Mairena del Aljarafe, donde la feria se implantó en los años 80, impulsada desde el Ayuntamiento e intentando que fuera un lugar de intercambio y de identificación para los nuevos vecinos, no se celebra por cuarto año consecutivo. El gobierno local de Ricardo Tarno (PP) ni se lo plantea, teniendo en cuenta que llegó a costar 600.000 euros: el Ayuntamiento montaba las casetas y las cedía, pero asumía hasta el coste de la limpieza en las mismas. Cuando se les planteó a los "caseteros" que el modelo debía cambiar, descartaron implicarse.
Entre las ferias suspendidas en 2012 -los 110.000 euros del presupuesto se destinaron a contratar a parados- y recuperadas está Bormujos. Esta vez ha sido clave la implicación de los caseteros y se ha hecho coincidir con una feria de la tapa. Y la feria volverá a montarse en Coria del Río, la anulación más polémica, porque lejos de eventos impostadas, en 2012, cuando se suspendió, iba a celebrar su 175 edición. El hecho ha sido determinante incluso en la moción de censura que le costó la Alcaldía al PSOE. A falta de cerrar el presupuesto, el nuevo equipo calcula que el coste se reducirá en un tercio y que habrá algún guiño para celebrar, un año después, el aniversario y que montarán las 120 casetas que lo hicieron en 2011, con alguna nueva, más pública. "Los comerciantes ya me lo están agradeciendo", dice el alcalde, Modesto González, poniendo el empleo que se genera, sobre el ahorro municipal o el que haya familias que no puedan acudir por su situación.
No es la única gran feria que se reinventará a la fuerza. También lo está haciendo la de Los Palacios, a finales de la semana que viene. En ese caso y al margen de un ayuntamiento en bancarrota que no coloca ya la portada y que, desde el año pasado, cobra a las casetas la limpieza de recinto, la asociación de caseteros está haciendo un esfuerzo ímprobo por unificar las barras de las casetas contiguas. Es la forma de convencer a los hosteleros que habitualmente se hacían cargo de la cocina para que sigan haciéndolo. La salida de socios, en casetas muy pequeñas, ha dejado el consumo bajo mínimos, sin margen de beneficio.
Según Antonio Domínguez, presidente de la Asociación Cultural Palaciega de Casetas de Feria, el 40% de las que abrirán este año compartirán ya su ambigú. Serán unas 70 las que seguirán funcionando, seis o siete menos que las del año pasado y lejos de las 98 que llegó a haber cuando se inauguró el actual recinto ferial, a mediados de la pasada década. Hubo que ocupar incluso más terrenos cedidos por privados para dos calles, porque seguía faltando sitio. Ahora, una calle entera permanecería baldía. La mayoría de las casetas que surgieron de aquella burbuja eran familiares, de pocos socios. El desempleo ha hecho que muchos se den de baja o que ni acudan a la feria.
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