Inmaculada C. Guerrero: “Hay que educar en el riesgo. Las inundaciones siempre van a existir”

Inmaculada C. Guerrero | Profesora de Geografía Física

Es una de las mejores conocedoras de la geomorfología del río Guadalquivir y sus estudios, siempre en equipo, cobran especial relevancia en estos días de temporales encadenados Mercedes Comellas: “A algunos estudiantes les duele que les desmonte el mito de Bécquer”Rafael Atienza: “Exhibir un título de nobleza trae hoy inconvenientes”

Inmaculada C. Guerrero / José Ángel García

Inmaculada Concepción Guerrero (Sevilla, 1971) es una profesora titular de Geografía Física de la Universidad de Sevilla que, antes que nada, recuerda a los que le enseñaron a ser geógrafa, sus pilares académicos. “A José Manuel Rubio le debo la curiosidad por las cosas y la manera de mirar el paisaje. Enseñaba sin que fueses consciente de que lo estaba haciendo. Con él, las jornadas de campo eran estupendas, con su chorizo y su huevo duro. Fernando Díaz del Olmo me descubrió el Cuaternario, los últimos dos millones de años, y el estudio de las terrazas fluviales. Hacer con él trabajo de campo no era aburrido. Siempre estabas en tensión. Y Rafael Baena Escudero fue el que me dirigió mi tesis y trabajamos conjuntamente en cuestiones de riesgo, geomorfología fluvial, cuaternario. Con esta base sólida, la también vicedecana de Ordenación Académica está desarrollando una brillante carrera, con trabajos sobre geomorfología aplicada a ámbitos fluviales y, fundamentalmente, al área geográfica de la Depresión del Guadalquivir. También trabaja en la reconstrucción paleogeográfica de medios fluviales, así como la evolución cuaternaria de depósitos fluviales y su relación con materiales líticos.

Pregunta.–Empecemos con una pregunta directa y sencilla: ¿Existe riego de inundación en Sevilla capital?

Respuesta.–Sí y no. Eso depende de los caudales del río y de la regularización que se haga de las presas río arriba de Sevilla. Es cierto que desde mitad del siglo XX se han acometido una serie de obras para evitar ese riesgo bastante importantes, con la construcción de muros de contención, etcétera. Pero también es cierto que se ha reducido bastante la amplitud de la llanura de inundación, es decir, del espacio donde desbordan las aguas a la altura de Sevilla. Con los caudales que hemos visto estos días no ha habido riesgo de inundación, pero con mayores caudales sí hubiese sido posible. Pero, insisto, eso siempre depende de las sueltas que se hagan en los embalses de río arriba.

P.–Imagino que todo eso estará muy controlado y coordinado.

–Obvio. Hoy en día Sevilla está bastante protegida, no así los municipios río arriba, como Lora. ¿Por qué? En las últimas décadas, ha habido una serie de actuaciones que han acelerado la ocupación de las llanuras de inundación, que son unos espacios importantísimos en los ríos, porque en los momentos de crecida es por donde se evacua el agua.

P.–Pero eso lo deben conocer bien en los pueblos.

R.–El problema es que si entre crecida y crecida pasa mucho tiempo, se va teniendo una falsa percepción de seguridad y se terminan ocupando esas llanuras con distintos usos. Estos días he recuperado trabajos de inundaciones, como las de 1996, y se puede observar que pasó exactamente lo mismo que ahora, aunque hoy con menos caudales. Se puede ver cómo la vulnerabilidad, es decir, la exposición de personas, elementos materiales e infraestructuras, ha aumentado, porque hemos ocupado espacios que eran inadecuados. Lo llevamos contando desde hace 25 años. En Sevilla, los cuatro o cinco kilómetros de llanura de inundación los hemos dejado prácticamente en un kilómetro.

P.–Se pierde la percepción del riesgo.

R.–Hay que educar en el riesgo. Esto me parece muy importante, porque la población tiene que ser consciente de que tiene una vulnerabilidad muy alta, muchas veces porque la administración ha propiciado que habiten en lugares inundables. Las inundaciones siempre van a existir, porque es un elemento natural del funcionamiento dinámico de los ríos. Es algo cíclico, no lo podemos evitar, por muchos embalses que haya. Siempre habrá un momento en que haya que desembalsar.

Hoy en día Sevilla está bastante protegida, no así los municipios río arriba, como Lora

P.–Sevilla tiene una larguísima tradición de obras públicas hidráulicas que la han protegido de las inundaciones, sobre todo desde que desaparecieron las murallas. Pero hoy hay algunas corrientes contrarias a este tipo de trabajos y abogan por respetar más la naturaleza del río. ¿Con qué carta nos quedamos?

R.–La obra hidráulica tiene sentido cuando se comprende al río y su dinámica. Imponer una obra al funcionamiento del río no tiene sentido. ¿Por qué? Porque puedes solucionar el problema concreto de un sitio, pero lo vas a trasladar a otro. En el caso de Lora, donde hemos trabajado, vemos cómo el muro ha defendido el pueblo, pero también ha reducido el espacio en el que se desborda el agua. Cuando reduces la transversal aumentas la altura del agua. Cuando termina el muro, si viene mucho caudal, se produce un efecto embudo y se pueden inundar zonas que antes no lo hacían. Sí a la obra pública cuando sea necesaria, pero siempre comprendiendo la dinámica del río. Está muy bien que se hagan cosas en las llanuras de inundación (cultivos, parques, polideportivos... ), pero siempre siendo conscientes de que eso sufrirá alguna vez una inundación. No pasa nada, es barro. Se limpia y punto. El problema es cuando se construyen viviendas.

P.–¿Es partidaria de hacer más presas?

R.–Ahora mismo en el Guadalquivir, no.

P.–Pero las sequías también volverán...

R.–...Hagamos, pues, una racionalización del uso del agua. El construir un obstáculo transversal a la dinámica del río es complicado. Un río no solo trae agua, también sedimentos: arena, grava, arcilla, limo... y esos sedimentos contribuyen a formar las márgenes que ayudan a impedir las inundaciones. Con el aumento de las presas se observa, aguas arriba de las mismas, una colmatación de sedimentos importante, con lo que disminuye la capacidad de almacenamiento del agua. Todo esto es muy complejo. La naturaleza no se puede abordar con argumentos simplistas.

P.–¿Cuáles son los puntos rojos de inundación en Sevilla?

R.–La zona de Valdezorras, por el Tamarguillo; los pasos subterráneos de la Cartuja; alguna zona de Triana, las partes más bajas de San Juan... Y ese gran espacio que es Tablada, que es inundable. Esta última vez hemos tenido unos 2.500-3.000 metros cúbicos por segundo y no se ha inundado. Pero es una cuestión de volumen de agua y de cómo llega el agua a la ciudad. Como hemos dicho, la llanura de inundación del río a su paso por Sevilla, que era de cuatro o cinco kilómetros, la hemos dejado en un kilómetro. El agua sale de ahí a presión por la planicie de Tablada.

P.–¿Es conveniente construir en Tablada?

R.–En principio no sería lo más idóneo, porque es el único espacio que queda libre como llanura de inundación seminatural del Guadalquivir en el entorno de Sevilla. Lo ideal sería hacer un gran parque que, en caso de inundación, no afectase a las personas. Si en todo caso se tuviese que urbanizar lo importante sería no construir las viviendas con sótanos o lugares que se pudiesen inundar. Insisto, lo ideal sería no construir.

No sería bueno construir en Tablada. Es la única llanura de inundación que queda

P.–No solo por el río se inunda Sevilla.

R.–Exacto, también por el alcantarillado, cuando entra en carga.

P.–Me gustaría hablar de otros asuntos sobre los que ha investigado, como las terrazas fluviales del Guadalquivir y sus ricos restos de industrias líticas y de fauna.

R.–Ahora estamos trabajando en el Pleistoceno medio-superior, cuyas cronologías más antiguas son de hace 400.000 años. ¿Qué elementos estudiamos? Los depósitos fluviales de las terrazas, los sedimentos (gravas, arcillas y arenas cuya disposición nos indica cómo era el río en ese momento) y la fauna. Estamos encontrando, desde el punto de vista paleontológico, fauna muy interesante.

P.–¿Cómo eran los entornos de Sevilla hace 400.000 años?

R.–Un poco más verde que la actualidad y parece –aún no tenemos conclusiones definitivas– que el río tenía varios brazos, con agua somera, zonas de encharcamiento, etcétera. Era un sitio al que se acercaba la fauna a beber. Estamos encontrando restos fundamentalmente de hipopótamos. En concreto dos especies: el hippopotamus antiquus y el hippopotamus amphibius (el de hoy en día). Estamos encontrando el tránsito entre uno y otro. “Es decir, o bien tenemos los restos de los últimos antiquus de la península o los restos de los primeros amphibius. Esta es la discusión científica”. Los restos de estos amphibius son de un tamaño muy importante. De hecho los paleontólogos nos comentan que no tienen claro si esto se debe a la abundante alimentación que ofrecía el lugar o es que es una subespecie con estas características.

P.–Y estos hipopótamos llegarían a convivir con los hombres, ¿no?

R.–Hemos encontrado tallas de piedra en torno a hace 300.000 años, más o menos. Es el Achelense, pero todavía no tenemos un yacimiento con una importancia grande para establecer bien la relación.

P.–¿No hay ningún resto de caza?

R.–No, como le he dicho hasta ahora solo hemos encontrado restos de industria lítica, pero ningún resto óseo o de huella. Es un medio muy dinámico y accedemos a estos elementos a través de las graveras.

Hay que buscar el equilibrio entre las cuestiones económicas y las ambientales

P.–Ha trabajado también en los corredores ecológicos. ¿Qué son?

R.–La conexión a través de los cauces fluviales de espacios protegidos o con alta calidad ambiental. Empecé con el el corredor ecológico del Río Guadiamar, cuando el desastre de la mina de Aznalcóllar, con Fernando Díaz del Olmo. Estuve dentro del equipo que hizo la propuesta de restauración ambiental. El corredor une la zona protegida de Doñana con Sierra Morena (parque de Aracena).

P.–¿Se cumplieron todos los objetivos?

R.–En gran medida sí. Queda alguna actuación que se planteó en la zona de Entremuros de Doñana. Pero a lo largo del cauce del Guadiamar, sí. Y de hecho, la respuesta a nivel ecológico ha sido importante. Ahora tenemos la cuestión de que se va a reabrir la mina de Aznalcóllar.

P.–Habrá que santiguarse.

R.–Como le explico a mis alumnos esto es una balanza. No podemos favorecer absolutamente las cuestiones económicas ni las ambientales. Hay que buscar el equilibrio. No se puede llevar a una comarca al ostracismo. Es complicado.

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