Mar Castillo: “La IA tiene un sesgo más a la izquierda que a la derecha”

Mar Castillo Campos | Doctora en comunicación

Esta joven granadina que vino a Sevilla para estudiar Comunicación en la Universidad Loyola, acaba de culminar una brillante tesis doctoral en la que se analiza el sesgo en las noticias en español Juan Cartaya y Manuel Jesús Roldán: “El acceso al Patio de los Naranjos debería volver a ser libre y gratuito” Fernando Savater: “El toro es un aristócrata con árbol genealógico”

Mar Castillo.
Mar Castillo. / José Ángel García

Apenas hace tres semanas que Mar Castillo Campos (Granada, 1996) leyó en la Universidad Loyola de Sevilla su tesis doctoral, una minuciosa investigación con la que identifica patrones lingüísticos y estructurales que permiten reconocer distintas formas de sesgo explícito e implícito en noticias en español. Con su trabajo, culminado con un Sobresaliente Cum Laude, esta joven que llegó a Sevilla con 17 años para estudiar Comunicación se adentra en lo que algunos consideran el principal problema del periodismo actual, la supuesta pérdida de confianza en los medios. Mar Castillo, una mujer sonriente y reflexiva que piensa siempre unos segundos antes de responder y cree en la función imprescindible del periodismo profesional y de calidad, analiza asimismo la creciente polarización que alimentan las redes sociales. Formada en la Loyola y universidades de Holanda y EEUU, Mar Castillo Campos ha probado también el lado práctico del periodismo en diversos medios de comunicación y gabinetes de empresas e instituciones. Ahora, finalizada su tesis, pretende volver a las redacciones. “Me gusta la investigación, pero no le veo sentido lejos de la profesión”, asegura.

Pregunta.–Últimamente, se habla mucho del “sesgo”, el tema de su tesis doctoral. Empecemos por lo básico: ¿en qué consiste?

Respuesta.–El sesgo es una desviación respecto a un canon o un estándar. En periodismo es una parcialidad respecto a los hechos. El sesgo no es necesariamente mentira ni es solo económico o político. Puede ser involuntario y puede surgir por problemas como no tener acceso a determinadas fuentes. El sesgo es humano. El periodismo tiene sesgo porque lo hacen las personas.

P.–Es decir, que casi es inevitable que nuestros prejuicios se filtren en el trabajo periodístico. ¿Hay más sesgo en los medios nativos digitales que los que mantienen ediciones en papel?

R.–No necesariamente, aunque es cierto que hay medios nativos digitales que han nacido con menos recursos y más necesidad de viralidad o clics, lo que los puede empujar a titulares más llamativos o con una parcialidad más notoria en las noticias. Pero los medios más tradicionales también pueden arrastrar sesgos del pasado.

P.–¿El sesgo favorece la viralidad?

R.–Por lo general las personas buscamos reforzar nuestras ideas. Todo aquello que hace más ruido en un mundo que lucha constantemente por nuestra atención y, además, refuerza nuestras ideas o nos sirve para descartar las contrarias, ayuda a la viralidad. En este sentido, el sesgo es lucrativo.

El papel manda una señal de poder, nos dice que el medio tiene músculo económico

P.–Siempre se dice que la prensa nacional tiene más sesgo político que la regional y local.

R.–No tenemos evidencias científicas de esto, pero parece razonable que la prensa nacional incurra en más ecos, porque suele tratar temas más relacionados con los grandes conflictos ideológicos que la regional y local. La prensa local es más utilitaria, cubre asuntos que le incumben directamente al ciudadano y tienen menos margen ideológico y más coste de credibilidad, porque los ciudadanos pueden conocer de primera mano las cosas que le cuentan. Es más difícil engañarle.

P.–Se dice que tener una edición en papel suele dar respetabilidad a los medios. ¿Es eso cierto?

R.–Sí, porque el papel manda señales. Nos dice que hay medios que tienen una audiencia fiel que los sigue comprando en lugar de limitarse a picotear titulares en internet. El papel manda una señal de poder, nos dice que el medio tiene músculo económico. El periodismo en papel es, además, más reposado, no compite en esa vorágine de las ediciones digitales que deteriora la calidad de la información.

P.–¿La digitalización ha supuesto una degradación del periodismo?

R.–No lo diría así, pero sí es cierto que ahora el periodismo, por ejemplo, trata de ser tan rápido como esas personas que graban en su móvil directamente lo que está sucediendo sin contextualizarlo ni interpretarlo. Esto sí devalúa el periodismo, porque nuestra profesión tiene otro proceso para crear y gestionar esa información. Se intenta competir con otras fuentes que no tienen los mismos valores que el periodismo y creo que no debería ser así.

P.–¿Cuáles son los síntomas de que un medio está abusando del sesgo?

R.–Desde el punto de vista académico se detectan cuatro indicios. Primero, cuando hay una sobrerrepresentación o una infrarrepresentación de determinados actores políticos o temáticas. Qué se cuenta y qué no se cuenta, y con qué intensidad. Segundo, cuando se hace una vinculación recurrente, sistemática, de un determinado partido político con determinadas propuestas o ideas. Tercero, cuando se abusa de ciertas palabras cargadas de connotaciones, positivas o negativas, aunque priman estas segundas. Y cuarto, cuando se da menos valor a los hechos que a las opiniones y las declaraciones.

P.–Hablemos de la Inteligencia Artificial (IA) y el sesgo. Muchas veces nos creemos que la IA es algo puro y matemático, pero lo cierto es que cuando la manejas detectas sesgos en sus respuestas.

R.–La IA no es pura, porque se nutre de datos que dan personas y están sesgados. La IA aprende de esos datos y amplifica un sesgo que ya existe. Además, la IA se programa con ciertos objetivos y entre ellos no está siempre la objetividad. Los fines pueden ser otros: optimizar costes, entretenimiento... Confiar en la IA como si fuese la solución a los sesgos que tienen las personas es un error, porque tiene esos mismos sesgos.

En la IA un sesgo muy claro a favor de Ucrania y contra Rusia y Putin

P.–¿Y puede darse el caso de que la IA se utilice para influir de forma masiva en la población?

R.–Si hubiese ese interés, desde luego que sí.

P.–¿Y existe ese interés?

R.–No podemos afirmarlo, pero sí vemos, por ejemplo, que al preguntar a la IA sobre el conflicto Ucrania-Rusia hay un sesgo muy claro a favor de Ucrania y contra Rusia o, más concretamente, contra Putin, por mucho que preguntemos y repreguntemos. En los experimentos que hemos hecho no encontramos una opinión contraria al discurso pro-ucraniano. Además, hay estudios que demuestran que la IA tiene un sesgo más a la izquierda que a la derecha.

P.–Sin embargo, todos tenemos la idea de que los magnates de las nuevas tecnologías son unos trumpistas irredentos.

R.–La IA es políticamente correcta. No se moja, es mucho más discreta, pero los estudios demuestran su sesgo más a la izquierda.

P.–La polarización es la palabra de moda y se la vincula a la digitalización y las redes sociales.

R.–La polarización existía antes, pero la digitalización la ha intensificado. Las redes sociales se han convertido en un campo de batalla para los bandos. No sé si conoce el concepto cámara de eco.

P.–Explíquelo.

R.–Gracias a los algoritmos, en los entornos digitales recibimos información que refuerzan nuestras ideas y que caricaturizan la contraria. Así, tenemos la sensación de estar muy informados por una gran variedad de fuentes, aunque en realidad todas son muy homogéneas. De esta manera nos radicalizamos.

No existe el sesgo cero, pero es necesario que exista la utopía del periodismo objetivo

P.–Pero siempre ha sido normal que uno se comprase un periódico que fuese más o menos afín a sus ideas.

R.–Sí, pero entonces nuestra cámara de eco eran solo uno o dos medios de comunicación y nuestro entorno familiar y de amistades, pero ahora es mucho más amplia y nos da la sensación de estar mucho mejor informados, cuando no es cierto. De esta manera, nos volvemos radicales creyendo que tenemos la verdad absoluta sobre temas de los que conocemos una parte ínfima y sesgada.

P.–Uno de los problemas del periodismo en España es el sesgo de los medios públicos. TVE y Canal Sur son ejemplos de medios inclinados a favor de los gobiernos de turno. ¿Estamos ante un fracaso?

R.–Si es un fracaso no lo sé. Un fracaso sería que no existiesen otros medios privados que compitiesen con los públicos. Debe haber canales públicos de información, son una fuente legítima. Pero insisto, siempre necesitamos otros medios para poder contrastar.

P.–¿En qué tipo de información hay más sesgo?

R.–Las coberturas políticas y electorales suelen estar muy polarizadas. En los conflictos internacionales, sin embargo, suele haber una línea hegemónica, aunque es evidente que hay un sesgo, porque no se le da voz a alguna de las dos partes. En los sucesos hay menos sesgo que en los eventos deportivos, donde el sesgo es aceptable y todos lo damos por válido.

P.–¿Es posible el sesgo cero, el no-sesgo?

R.–No, porque, como decíamos, el periodismo es una actividad humana. Pero sí creo es necesario que exista la utopía del periodismo objetivo. Es como la felicidad, aunque no exista la absoluta hay que perseguirla.

P.–Hay partidos que sufren especialmente el sesgo de los medios. Primero fue Podemos y ahora Vox. ¿Es como si los medios, muchas veces independientemente de sus líneas editoriales, alineasen sus sesgos?

R.–Suele pasar con los partidos nuevos y disruptivos que incomodan y modifican el statu quo, además de generar audiencias. A estos partidos se les dedican coberturas notables y negativas, lo que contribuye a la polarización. Esto es contraproducente, porque empobrece un debate público donde el prejuicio es el argumento y porque posibilita que estos partidos se presenten como víctimas del sistema mediático. La labor del periodismo es el análisis y el escrutinio, pero no el machaque prejuicioso contra una opción, sea cual sea.

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