Betis - Sevilla | Frente a frente A Lainez le faltó la tilde del gol de Suso

Lainez se interna en el área sevillista entre Acuña y Joan Jordán. Lainez se interna en el área sevillista entre Acuña y Joan Jordán.

Lainez se interna en el área sevillista entre Acuña y Joan Jordán. / Antonio Pizarro

Tévez le quitó la tilde a su apellido, que para eso es suyo, y Lainez nunca la llevó, quizá por algún antepasado receloso con el colonizador castellano. Pero se lea como se lea el apellido del joven mexicano, la regla dicta que es con tilde: Láinez si la sílaba acentuada es en diptongo; Laínez, si se divide en hiato. ¿O hay que leerlo como palabra aguda? Al atacante del Betis le faltó la agudez del gol que sí puso Suso, Jesús Joaquín de nombre, con la calidad excelsa de su pierna izquierda. Su disparo sobre la marcha fue milimétrico, entre la mano izquierda de Bravo y el poste. Lainez no tuvo esa precisión en varias llegadas, pero siempre desequilibró desde su costado.

El acento del derbi no pudo ser neutro, cosa imposible en el idioma español... y en cualquier idioma. Colijamos pues que el acento del partido fue verdiblanco hasta que los rojos decidieron sacudirse su tibieza y su suficiencia y atacaron de verdad la salida del balón de Mandi, cuyo despeje orientado dio en el trasero de Ocampos para que En-Nesyri midiera con su izquierda el pase perfecto a Suso, que ni se pensó rematar de primera.

Suso celebra el efímero 0-1 junto a Gudelj y Diego Carlos. Suso celebra el efímero 0-1 junto a Gudelj y Diego Carlos.

Suso celebra el efímero 0-1 junto a Gudelj y Diego Carlos. / Antonio Pizarro

Pero el Betis siguió teniendo fuelle en las bandas y Ruibal, un torbellino imposible para Jesús Navas, quizá fuera de forma, propició muy pronto la igualada yéndose del capitán sevillista para meter en la cocina del área un balón de fuego. El ardiente Diego Carlos fue con todo y, pese a que contactó con el balón, Del Cerro Grande entendió que lo hizo con exceso de fuerza y derribando a Loren. El delantero bético tuvo esa ansia por el balón con la que salió todo el Betis desde el inicio. Esa hambre necesaria en todo derbi y que puede venirle muy bien a este Betis de Pellegrini que busca encontrarse en cada partido y puede haberse hallado en el derbi.

La presunta superioridad del Sevilla pareció verse aumentada con las bajas por Covid en el Betis. Muy al contrario, esa contingencia tan de nuestro tiempo de pandemia pareció espolear a los verdiblancos y adormecer a los blanquirrojos, a los que les faltó su habitual ardor cuando visten de rojo entero en la hoguera verde del Benito Villamarín.

El Covid puso de titular a Lainez y el mexicano aprovechó la inesperada oportunidad. Acuña se vio superado una y otra vez por el mexicano, ayudado con los amagos de Emerson, mientras en la otra banda Ruibal contenía a Jesús Navas y Ocampos se veía aislado en sus pródigas cabalgadas.

Lainez, persistente e inquieto, no encontró el gol, pero pudo propiciar el 2-1 del Betis. Robó a Acuña y montó la contra a la que dio continuidad Canales con una gran apertura a Fekir. Acuña, cansado de perseguir al mexicano, metió el pie de forma precipitada sobre éste y cometió penalti. Pero el zurdo francés no tuvo precisión alguna. Ya falló la más clara en la primera parte, un penalti en movimiento, a pase de... Lainez, y Bono le paró a Fekir la pena máxima que pudo dar la gloria a los verdiblancos.

Con Canales el equipo de Pellegrini es otro. Sin Fernando, el equipo de Lopetegui, también. Uno tuvo la confianza del que busca con ansia su premio. Al otro le sobró suficiencia y le faltó pata dura. Suso sí tuvo esa sangre fría que también hacen falta en los derbis. Pero su juego no tuvo continuidad en una banda huérfana con Jesús Navas como cohibido. El empate fue justo para los sevillistas... O sea, los béticos lamentarán la gran ocasión perdida.

Los argentinos Guido y Acuña se abrazan al final del partido; Del Cerro saluda a Emerson y Diego Carlos, a Mandi. Los argentinos Guido y Acuña se abrazan al final del partido; Del Cerro saluda a Emerson y Diego Carlos, a Mandi.

Los argentinos Guido y Acuña se abrazan al final del partido; Del Cerro saluda a Emerson y Diego Carlos, a Mandi. / Antonio Pizarro

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