El Betis, una fiesta en todos sus estamentos
Desde mi córner
La fiesta que se da en cada partido se alargó ayer con la apertura de la Rafael Gordillo
CONVERTIDO en fortín inexpugnable el Benito Villamarín, lo lógico es lo que está pasando, que cada velada sea una velada festiva con la gente apretando cuando el equipo se tambalea. Por eso, antier noche, ante un Las Palmas evidentemente superior, el equipo se mantuvo en pie y prolongó esa racha magnífica de imbatibilidad que a ver cuánto dura. O sea que a nueva comparecencia, nueva fiesta y que no decaiga.
Pero es que el gozo en la yerba hizo metástasis hasta el punto de que cuanto configura el club sea motivo de felicidad. Y ahí llegamos al acto que se celebraba ayer en tierra nazarena con la inauguración de una ciudad deportiva convertida ya en la joya de la corona. Un recinto de gran extensión y perfecta funcionalidad en el que fomentar el futuro que busca el club que preside Ángel Haro, que se pretende sea cimentado mediante hacer un equipo con mayoría de canteranos.
Y esta ciudad deportiva que lleva el nombre de Rafael Gordillo, la mayor fábrica de béticos que ha existido, ha sido una promesa más de las muchas que ha cumplido el actual consejo directivo. Con la de veces que se ha puesto en duda su puesta en marcha y ahí está, mucho antes de lo esperado y como extraordinario pase de la firma de un puñado de béticos que llevan al Real Betis Balompié como casi nunca fue dirigido en su más que centenaria andadura.
Vive la sevillanísima entidad de las trece barras con corona un tiempo de vino y rosas que da la impresión de ser el principio de unos capítulos de oro vitales. Se demuestra en cada comparecencia del equipo para convertir su santuario en una fiesta. Qué lejos se ven ya aquellos tiempos en que el estadio era un polvorín por tanta frustración acumulada y qué bonancible este espléndido hogaño que ayer volvió a vivir un día dorado, pleno de esa ilusión que proporciona la esperanza.
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