Betis Una final anticipada

  • La cita de Butarque adquiere una relevancia añadida ante la indefinición en la que se encuentra la entidad

  • Rubi necesita victorias para ahuyentar fantasmas

Rubi dialoga con la plantilla antes del entrenamiento. Rubi dialoga con la plantilla antes del entrenamiento.

Rubi dialoga con la plantilla antes del entrenamiento. / José Ángel García

El encuentro del domingo en Butarque ha adquirido casi tintes de final para el Betis. A nueve puntos del objetivo y con una sola victoria en los siete últimos encuentros, el equipo necesita reencontrarse con el triunfo para enderezar el rumbo, pero también para calmar esas aguas revueltas que rodean a todo club que deja de ganar.

Tras la mejoría iniciada antes de acabar 2019, nadie esperaba en el Betis este mal inicio de 2020. El equipo se ha alejado de la zona europea y también quedó apeado ante el primer rival serio en la Copa del Rey, dos varapalos que han dejado la temporada casi en el aire cuando todavía quedan meses por delante. Esta situación deportiva ha vuelto a generar desconfianza en los dirigentes, que se encuentran ante una nueva indefinición de cara al futuro.

Los errores arbitrales, reales y groseros, como señaló el presidente, Ángel Haro, han servido para tapar algunas carencias, pero todo lo que no sea ganar al Leganés obligará a dejar a un lado ese asunto arbitral y a centrarse en esos problemas que no acaban de resolverse en el Betis. "Todos tenemos que dar un poco más: jugadores, cuerpo técnico y directiva", señaló Haro, pero nadie sabe hacia dónde dirigir ese trabajo extra para revertir los resultados y regresar a la senda de las victorias.

El presidente confirmó que el club viene trabajando desde hace tiempo para mejorar algunas áreas de la entidad, en este caso la de relaciones con los árbitros y la deportiva, pero tampoco parece que esas nuevas contrataciones puedan dar resultados a corto plazo a un proyecto que sólo halló réditos hace dos temporadas, con ese sexto puesto logrado en la primera temporada de Lorenzo Serra Ferrer y Quique Setién.

Los dirigentes apartaron a ambos al finalizar la pasada campaña –al vicepresidente deportivo ya lo relegaron de las decisiones con anterioridad–, pero ese nuevo impulso que se trató de trasladar está volviendo a quedar en un mediocridad, lo que también puede tener sus repercusiones futuras en la economía, con un descenso de los ingresos, y en la propia plantilla.

En ese segundo plano aparece la figura de Rubi. El técnico, que fue capaz de revertir la difícil situación con la que empezó el campeonato, cuando a los malos resultados se unieron las dudas del vestuario y del club hacia su persona, necesita victorias. Si aquella racha de tres triunfos seguidos –Valencia, Mallorca y Athletic– levantó al equipo, ahora las sensaciones son positivas pero sólo se han sumado seis puntos, con una victoria y tres empates, en las siete últimas jornadas, por lo que necesita aumentar el casillero para ahuyentar fantasmas.

Guardado realiza un ejercicio con William Carvalho. Guardado realiza un ejercicio con William Carvalho.

Guardado realiza un ejercicio con William Carvalho.

El propio presidente mostró confianza en la labor del cuerpo técnico, pero también dejando entrever esa inquietud por la falta de resultados. La carencia de eficacia, los goles encajados a balón parado y algunas lagunas durante los partidos vienen castigando a los verdiblancos en las últimas semanas, aspectos que dependen exclusivamente del trabajo del cuerpo técnico.

Nadie ha puesto en las últimas semanas en cuestión la continuidad de Rubi, pero una derrota en Butarque lo volvería a dejar muy tocado y pendiente de la visita del Mallorca. El duelo ante los bermellones del viernes 21 adquiriría un matiz bien distinto de volver de Leganés sin puntos, de ahí que el club celebrase el miércoles ese almuerzo al que acudieron los máximos dirigentes, la plantilla y el cuerpo técnico. El domingo no se juega una final, pero casi lo parece por su trascendencia inmediata.

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