El Betis, víctima de un grave atropello
Desde mi córner
Apelar a la libertad de expresión debería ser suficiente para quitar la sanción a Canales
ATROPELLO difícil de calificar el que ha sufrido el Real Betis Balompié en la carne de uno de sus futbolistas principales. Parece increíble que en un país donde el insulto al Rey queda impune bajo la excusa de la libertad de expresión sea motivo de sanción decir lo que se piensa tras haberse sentido agredido. Es más, no tiene justificación la sanción a Canales si entramos en comparaciones y apelamos a situaciones similares o bastante más graves.
Con el castigo al cántabro más se justifican las palabras que le han acarreado este dislate. Efectivamente, tanto el estamento arbitral como el disciplinario han dado pie a creer en las palabras del jugador. Ni se entendió la expulsión de aquella tarde en Cádiz ni se entiende cómo se ha dejado pasar tanto tiempo en dejarle caer el peso de una ley propia de sociedades bajo el pie de una dictadura. Son demasiadas preguntas sin respuesta y sin que resistan entrar en agravios comparativos.
Apelar al agravio comparativo sería como entrar en un bucle interminable. Si ya chocaba cómo un árbitro del que existen vídeos aguantando improperios de ciertas estrellas le mostraba dos tarjetas en menos de un minuto, que la sanción llegue meses después también da mucho que pensar. Y hasta parece que esperaron a que el futbolista sanase de una lesión para propinarle este varapalo. Cuatro partidos sin poder cumplir con el club que le paga es un atropello en toda regla.
Todo pasa cuando el caso Negreira ha dejado al sistema con el culo al aire y la credibilidad bajo cero. Y ante tamaño atropello, ¿qué resortes defensivos debe manejar el Betis? Indudablemente, llegar a las últimas consecuencias y ya que ha habido clubes que hasta han llegado a la justicia ordinaria, ¿por qué el Betis no hace lo mismo? De esa manera, el Barça nunca cumplió el cierre del Camp Nou cuando volvió Figo y le lanzaron un cochinillo. De eso hace veintidós años.
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