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De cómo el Betis se abrió como un libro con su mala presión

Betis-At. Madrid | Informe técnico

La descoordinación al apretar la salida de balón colchonera fue suicida para una zaga que no salía y un equipo muy largo

Simeone destrozó la pizarra bética con Griezmann y Baena por dentro

Así jugaron los futbolistas del Betis ante el Atlético de Madrid

Antony, ante Koke con Álex Baena en segundo plano. / Antonio Pizarro

Noche negrísima del Betis. Del equipo y también del entrenador, que quiso apostar por otro medio creativo en lugar de un delantero en el mercado de invierno aun con el bajísimo nivel de los delanteros alternativos al Cucho. No está preparado el Betis aún para competir con la élite europea (Chelsea, Atlético, por supuesto Barcelona y Real Madrid) y menos tan mermado: Isco, Amrabat, Cucho y Lo Celso son demasiados jugadores de fuste fuera de la órbita.

Entra dentro de la lógica perder ante una plantilla bastante superior que se lo toma con plena dedicación, pero esa presión tan descoordinada y ese equipo tan largo sobre el campo fue como un libro abierto para un Atlético que en él escribió una apabullante crónica al primer toque.

Defensa

Absolutamente desarbolado el sistema defensivo de Manuel Pellegrini con la incrustación de Álex Baena y Griezmann por dentro para ejercer de pantallas con Koke y Pablo Barrios, descargar atrás y lanzar a Giuliano por la derecha y sobre todo Lookman por la izquierda ante la escasa calidad de los béticos sin la pelota (anticipaciones o disputas) y una presión tan desbocada como suicida, con las líneas muy estiradas y abonando el campo para que la tremenda calidad de los centrocampistas colchoneros, más Griezmann entre líneas, jugueteara con su enemigo enseñándole la muleta, invitándole a esa presión y triangulando de primeras para lanzar a Lookman, que fue un diablo a la espalda de Aitor Ruibal y Bartra.

Se debe subrayar que la puesta en escena fue briosa, eléctrica, pero ese saque de esquina en el que de nuevo Adrián pudo hacer algo más dejó grogui a los animosos jugadores verdiblancos.

Ataque

El Betis volvió a apelar al frenesí en cuanto alguno de los suyos recuperaba la pelota y miraba a la portería de Russo. Pero la velocidad sin control, sin freno, con atropello, fue habitual en un equipo que se dejó llevar por las ansias y la sobreexcitación. Había que saber negociar ese ambientazo que una vez más creó la gran afición bética, y saber usar el freno y manejar los tiempos, pero el Betis fue a todo trapo sin esa necesaria pausa para hacer frente a una defensa tan cuajada como la del Atlético, con dos centrales, Pubill y Hancko, altos pero rápidos, coordinados y con un manejo de la pelota notable que escupían la pelota siempre a las zonas convenientes para que el primoroso juego al primer toque de los medios hiciera el resto: los verdiblancos apenas olieron la pelota, y cuando lo hicieron, sólo olieron el peligro, con el partido aún abierto, en el tiro con rosca de Abde tras un gran pase largo de Llorente y en el regalo de Pubill que malogró el Chimy.

Virtudes

La puesta en escena fue digna, eléctrica, pero esa puesta en escena tan briosa tuvo nula continuidad.

Talón de Aquiles

Una calamidad cómo el Betis estaba dispuesto en el campo, descoordinados y muy largos. Un caramelo para el fútbol al primer toque del Atlético.

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