Polémica en la casa de Isabel Pantoja La candela que cantaba El Mani y la que arde en Cantora

  • Con la muerte del cantante de Gines se marcha uno de los iconos de la época dorada de las sevillanas, cuando se bailaban hasta en las discotecas

  • Kiko Rivera le recrimina a su madre haber ejercido de "viuda de España", una especie de Bernarda Alba con peina y volante

Isabel Pantoja durante un concierto en el verano de 2014. Isabel Pantoja durante un concierto en el verano de 2014.

Isabel Pantoja durante un concierto en el verano de 2014. / D. S.

Era un viernes de junio no caluroso. Una suave brisa refrescaba la sobremesa. El cocido y el pollo en salsa dieron paso al trago largo, acompañado de una variada (y nada adelgazante) repostería. Brazos gitanos y palmeras de hojaldre se sucedían sobre el hule multicolor. En ese preciso momento, con el hambre apaciguada y el gaznate contento, El Mani se arrancó por sevillanas. Lo hizo a la sombra de los pinos. En mitad de un camino de arena al que tantas veces le había cantado. 

Este juglar de Andalucía, al que hace justo una semana le decíamos adiós, entonó aquella letra que sintetiza con un condicional una de las grandes verdades: "Que si no están los amigos, es como si le faltara la primavera al camino". Si de algo nunca pudo quejarse José Manuel Rodríguez es de haber contado siempre con sus amigos más leales en el camino de la vida. En las sendas del éxito y en las que había que resarcirse, sin demasiados lamentos, de las embestidas del destino. Los Tristes, su gente de Gines (patria chica de la que siempre hizo gala), lo acompañaban en aquella última romería hacia la aldea almonteña. 

Por el aire de la Raya, cuando aún los abrazos y la cercanía con el prójimo no resultaban peligrosos, retumbaban los cantes del Mani bajo una bóveda traslúcida de pinos. Su voz queda ya para siempre ligada a la historia de las sevillanas, un género musical que conoció su época dorada (al menos, la de mayor difusión) en la década de los 80, cuando no había discoteca que se preciara que no las pusiera a sonar en las pistas de baile.

El Mani en una tarde de toros en la Maestranza de Sevilla. El Mani en una tarde de toros en la Maestranza de Sevilla.

El Mani en una tarde de toros en la Maestranza de Sevilla. / D. S.

Eran tiempos en los que los Cantores de Híspalis o María del Monte se disputaban los primeros puestos en la venta de discos de este cante. Años en los que comenzó la verdadera globalización de las fiestas andaluzas, haciendo del Rocío uno de sus principales referentes y que tanta promoción consiguió -para bien y para mal- en los temas (como Cántame y Candela) que popularizaron estos artistas.

El 'Falcon Crest' andaluz

Para candela, eso sí, la que no se apaga en Cantora. La finca de Medina Sidonia (por cierto, uno de los municipios más bellos de Cádiz) va camino de convertirse en el Falcon Crest andaluz y de disputarle el puesto en esta meritoria carrera a la de Ambiciones, en Ubrique, también tierra gaditana. No me pregunten por quién interpretaría el papel de Ángel Channing -mi malvada favorita cuando era pequeño-, eso lo dejo a la perspicaz imaginación de los lectores. Lo que está claro es que cuando se han cumplido 36 años de la muerte de Paquirri, la finca que dejó en herencia sigue siendo motivo de disputas, no sólo ya entre las tres familias implicadas, sino entre madre e hijo, o mejor dicho, y siguiendo con la estela musical, entre géneros opuestos: la tonadillera y el DJ.

Hay quien apunta a que esto viene de lejos y que aquel "pequeño del alma" (seguimos con los 80 y sus estampas icónicas) ha puesto pie en pared y se ha rebelado contra cierto entorno "nocivo" que influye negativamente en su madre. Algunos miran de reojo a su tío Agustín. Otros, sin embargo, consideran que es un generoso enfado del treinteañero (casi cuarentón) al que la Pantoja le ha cerrado el grifo de la supervivencia (ella que tanto sabe de eso).

Kiko Rivera trabajando de DJ en una discoteca. Kiko Rivera trabajando de DJ en una discoteca.

Kiko Rivera trabajando de DJ en una discoteca. / D. S.

El detonante podría haber sido que la cantante exigiera a su primogénito el coche que, al parecer, está puesto a nombre de una sus sociedades. Y a Kiko -antes llamado Paquirrín- esto le ha debido disparar los niveles de rencor, hasta el punto de recriminarle a quien lo subió a los escenarios cuando apenas superaba dos palmos del atura que durante décadas desempeñara el papel de "viuda de España" (una Bernarda Alba, pero de peina y volante). Isabel está dispuesta a responder, previa cuantiosa exclusiva, claro.

Estaremos atentos a nuevos episodios en Cantora, esa tierra que tantos titulares genera y de la que han salido hasta escritoras, pues Anabel Pantoja, la sobrinísima de Maribel (para los amigos), ya ha adelantado que sacará un libro con consejos para las curvys (las personas que, como yo, conservamos la silueta barroca en los cuerpos). Quién sabe, a lo mejor con la Ley Celaá se vuelve de lectura obligatoria en los colegios. Cosas veredes.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios