EL TIEMPO
Llega una DANA a Sevilla

Un impulso a la evaluación de los medicamentos con perspectiva social

Gestores, expertos, pacientes e industria coinciden en el impacto de la innovación en dependencia, cuidados y productividad

Medir ese valor y romper silos será clave en evaluación y financiación

Sonia Durán, José María Domínguez, Federico Plaza, Eutimio Tercero y Antonio García, momentos antes del inicio del coloquio celebrado en la sede de Grupo Joly. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

El medicamento no es solo un capítulo de gasto. Es una inversión con efectos en cadena sobre la vida cotidiana, la familia, el sistema sanitario y, en último término, la sociedad. Esa fue la idea de partida del coloquio ‘El valor social del medicamento’, celebrado en Sevilla por Grupo Joly con la colaboración de Roche Farma, un concepto que gana peso y que, según coincidieron gestores, clínicos, economistas, industria y pacientes, obliga a mirar más allá de la eficacia clínica y del precio.

Los ponentes durante uno de los momentos del coloquio. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

Desde la óptica del Servicio Andaluz de Salud (SAS), el subdirector general de Farmacia, Eutimio Tercero, situó el debate en el corazón de la toma de decisiones. “Autorizar, financiar y utilizar un medicamento” no debería reducirse a una dicotomía “clínica y económica”, defendió, porque en esa decisión “hay más variables que incorporar, eso son los valores”. Para Tercero, el valor social es “beneficio para la sociedad” y “se despliega en varias capas: la persona, la familia, el sistema sanitario y la productividad”. Dicho de otro modo, cuánto sufrimiento evita, cuánta autonomía preserva, qué carga de cuidados alivia y qué recursos libera.

El subdirector general de Farmacia del Servicio Andaluz de Salud, Eutimio Tercero. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

De este modo, “el valor social es una dimensión a tener en cuenta en la toma de decisiones sobre medicamentosautorización y financiación— junto a otros valores implícitos”, explicó. “Afecta a persona, familia, sistema sanitario y sociedad. Estamos satisfechos de que se incluya como un valor más a considerar al evaluar el medicamento”, concluyó.

El valor social funciona como una variable de gobernanza que si no se mide, no existe

Por su parte, el catedrático Antonio García, director del Máster de Economía de la Salud de la Universidad de Málaga, propuso cambiar el foco: no solo “cuánto cuesta innovar”, sino “cuánto estamos perdiendo por no innovar”. Desde su punto de vista, el valor social funciona como una variable de gobernanza donde, si no medimos, no existe. “Hay que medir, incluso lo que no se sabe medir todavía”. Así, es necesario primero, definir un marco común; segundo, estandarizar datos y resultados; tercero, incorporar PROMs (Medidas de Resultados Informados por el Paciente) y calidad de vida; y cuarto, alinear incentivos y romper silos. Todo, además, “en una realidad demográfica en la que lo crónico desplaza a lo agudo”.

Antonio García, director del Máster de Economía de la Salud de la Universidad de Málaga. / JUAN CARLOS VAZQUEZ CARLI

Además, García criticó que algunos proyectos para Comités de Ética de la Investigación con medicamentos basados en resultados en salud y calidad de vida, no son aceptados porque no incluyen ninguna variable clínica.

La ética, recordaron los participantes, no es un adorno del debate. José María Domínguez, presidente de la Comisión de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial, reivindicó el medicamento como “un bien moral” capaz de “curar o aliviar sufrimiento”, algo difícil de traducir a indicadores. Como intensivista, resumió el dilema con una imagen: en la UCI “no pienso en números; tengo una persona delante”. Aun así, defendió que la profesión debe interiorizar eficiencia y sostenibilidad: la libertad de prescripción, recordó, exige evidencia, indicaciones autorizadas y “salvaguardar la calidad” al evitar gasto innecesario. Y puso sobre la mesa la ‘deprescripción’, “el acto de retirar lo que no aporta valor para dejar espacio a lo que sí lo hace”.

José María Domínguez, presidente de la Comisión de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial. / JUAN CARLOS VAZQUEZ CARLI
Medir resultados informados por el paciente, más allá de lo clínico, será esencial

La voz del paciente aterrizó el concepto en escenarios concretas. Sonia Durán, enfermera de la Asociación Parkinson Sevilla y portavoz de la Federación Andaluza de Parkinson (Fandep), explicó que el valor social se mide en gestos pequeños que cambian una vida, como “caminar sola, vestirse sola o comunicarse con su entorno”. En patologías crónicas, subrayó, una mejora clínica puede significar autonomía y dignidad, con impacto directo en los cuidadores.

Sonia Durán, enfermera de la Asociación Parkinson Sevilla y portavoz de la Federación Andaluza de Parkinson (Fandep). / JUAN CARLOS VAZQUEZ

Durán insistió en que el medicamento “empieza a producir todo su valor cuando va acompañado de educación sanitaria y seguimiento”, y reclamó “más reconocimiento para el trabajo de las asociaciones. Es importante que se escuche a las asociaciones; educamos, mejoramos adherencia, evitamos urgencias y consultas”. Falta derivación “prescrita” a asociaciones y falta reconocimiento estructural.

Federico Plaza, director de Relaciones Corporativas y Asuntos Públicos de Roche Farma, puso el acento en el desafío pendiente que va de pasar de la intuición a la medición. Para Plaza, el debate requiere primero “definir y acotar” qué se entiende por valor social, e incorporar dimensiones que han quedado fuera de la evaluación: calidad de vida, dependencia, impacto familiar u organización del sistema. También defendió “romper silos” para evaluar el valor global y no solo un capítulo presupuestario y aludió a cómo el beneficio en hospitalizaciones, dependencia o bajas puede compensar con creces el coste farmacéutico

En ocasiones, el impacto en dependencia o bajas laborales puede compensar el coste

Dada la magnitud de nuestra comunidad autónoma y el desarrollo de los registros, gestión de historias clínicas y manejo de big data, “tenemos herramientas en Andalucía que no explotamos del todo”, expuso Domínguez. “Y tenemos cosas muy buenas: acuerdos de gestión y contratos programa. A los clínicos nos hace percibir cuánto cuestan las prescripciones al ciudadano. Eso no limita la prescripción, pero evita despilfarro. El valor social hay que transmitirlo al que autoriza y al que prescribe”, resumió.

Federico Plaza, director de Relaciones Corporativas y Asuntos Públicos de Roche Farma. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

El coloquio dejó además un mensaje operativo para los sistemas sanitarios. La equidad se construye con procedimientos comunes. Tercero recordó que el paciente ya participa “con voz y voto” en la Comisión Autonómica de Uso Racional de Medicamentos, y que el objetivo es armonizar protocolos para que “un paciente en Almería sea tratado igual que en Sevilla”. “Incorporar valor social en esa comisión me parece razonable. ¿Cómo? Formando, informando y midiendo”, subrayó.

Regulación, financiación y un marco compartido para evaluar

El informe ‘Revalore. Reflexión estratégica sobre el valor social de la evaluación de medicamentos’ plantea un giro práctico: si el sistema quiere incorporar el valor social a sus decisiones, necesita un marco común que evite que el concepto se convierta en una etiqueta vacía. La propuesta pasa por ampliar la evaluación tradicional —centrada en resultados clínicos y coste— con dimensiones como calidad de vida, impacto en la autonomía y la dependencia, carga para cuidadores, efectos en productividad y consecuencias organizativas para el sistema sanitario. Federico Plaza describió Revalore como un “libro blanco” elaborado por un grupo de expertos independientes y promovido por Roche Farma con un objetivo concreto: “inspirar y, sobre todo, tangibilizar” el valor social del medicamento”. En su intervención insistió en que el primer paso es “definirlo bien” y “acotarlo”, porque hasta hace poco “no hablábamos todos de lo mismo”, y advirtió que “si la regulación va a incorporar este criterio en decisiones de financiación, hace falta un marco compartido”. Plaza añadió que el documento no pretende imponer “una metodología concreta” para calcular el valor social, sino ofrecer “una base con fundamento científico” para conciliar la parte académica con la práctica, incorporando la visión de economistas de la salud junto a un foro complementario de políticos, gestores, sociedades científicas y pacientes.

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