Friedrich Engels, filósofo: "El que vence al furor vence a los enemigos"
La idea de la calma a través de la estrategia o la organización era fundamental para acabar con el caos interno
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Las frases de los filósofos demuestran que los problemas que se tienen hoy en día son los mismos que aparecían hace siglos. En esta ocasión, Friedrich Engels fue unos de los pensadores más influyentes del siglo XIX y el colaborador de Karl Marx. Este nació en Alemania en 1820 y no solo aportó fundamentos económicos y filosóficos al socialismo científico, sino que también desarrolló una profunda reflexión sobre la conducta humana, la lucha social y el papel de la conciencia en la transformación histórica.
Para entender sus ideas es necesario conocer que este filósofo provenía de una familia industrial acomodada y que trabajó en fábricas textiles en Manchester, una experiencia que le influyó en la obra en la que analizaba a la clase obrera en Inglaterra. En ella, detallaba las duras condiciones del proletariado durante la Revolución Industrial.
Entre sus obras destacan El origen de la familia, La propiedad privada y el Estado y la participación en el Manifiesto del Partido Comunista que marcaron un antes y un después en el pensamiento político moderno.
Una de sus frases célebres fue: "El que vence al furor vence a los enemigos". Esta se puede interpretar como una búsqueda de la calma. Para el filósofo la historia avanzaba a través de los conflictos, pero no una lucha ciega por la ira irracional. El furor para él era la reacción impulsiva, la violencia incontrolada y la pasión sin un rumbo fijo. Si esto se vencía se podría llegar a un estado de calma, a la organización y a una estrategia.
Para el filósofo los cambios sociales profundos no se lograban a través de arrebatos emocionales, sino a través de un análisis riguroso de las condiciones materiales y la acción. Controlar el furor implicaba transformar la indignación en una fuerza organizada. El furor es el enemigo que se debe evitar siempre. Para dominarlo es inevitable invertir en la inteligencia y la cohesión, siempre actuando con claridad.
Esta frase no solo cuenta con un sentido moral, sino también político. El vencer al furor se relaciona con el caos interno que genera inseguridad y se aleja por completo de la calma, que es lo que todos queremos llegar a conseguir. Por ello, es necesario enfrentarse al enemigo externo. El filósofo defendía que la verdadera fortaleza revolucionaria no reside en la violencia desmedida, sino en la convicción racional y la unidad consciente.
Esta frase también la trasladó hacia la lucha de clases que no debía basarse en explosiones emocionales aisladas, sino en aquello material y racional. Toda transformación para él debía tener organización, teoría y disciplina. En sus textos también se hala de justicia y de como el furor representa la reacción impulsiva que hacía frente. Aquellas personas cuya energía no se canalizaba racionalmente, se dispersa y pierde eficacia.
Su visión es la dialéctica y la para él las contradicciones sociales generaban tensiones inevitables. El hecho que remarcaba es que había que entenderlas científicamente. Para ello, se debía convertir el furor en conciencia política, ideal para frenar al enemigo a través, de como se ha comentado anteriormente, de la estrategia y la unidad colectiva.
El papel del Estado, la familia y la propiedad privada como construcciones históricas y no naturales, fue otro de los temas más importantes de este filósofo. Así que esto refuerza que la idea de que el cambio requiere una comprensión profunda, no solo era pasión o un impulso. Como conclusión, dominar las emociones no es igual a pasividad, sino que se trata de fortalecer la acción transformadora mediante la claridad, la disciplina y el propósito colectivo.
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