San Julián: una cuestionable restauración que 30 años después da la cara
Los materiales usados en aquella intervención no fueron los más idóneos y provocan el deterioro actual
El templo ha estado falto de labores de mantenimiento estas tres décadas
San Julián cierra y la Hiniesta saldrá de Santa Marina el Domingo de Ramos
Más de 30 años después la parroquia de San Julián tendrá que cerrar por obras de urgencia. Cuando apenas han pasado tres décadas de aquella importante intervención que duró casi un lustro, el templo presenta un deterioro bastante acusado, lo que ha obligado a que las hermandades que en él residen -la Hiniesta y la Virgen del Rosario- busquen refugio en iglesias cercanas. Los materiales poco idóneos que se usaron entonces y la falta de mantenimiento en este tiempo están detrás de la clausura para acometer unos trabajos cuyo coste ronda los 600.000 euros. Se espera que en menos de un año estén finalizados.
Ha sido el arranque de la cuaresma. Junto a las numerosas obras que tienen levantada la ciudad a poco más de un mes de la Semana Santa, el cierre anticipado de San Julián ha llenado de titulares los primeros días de la espera. La Hiniesta saldrá de la parroquia de Santa Marina el próximo Domingo de Ramos, debido a la clausura de su sede canónica. Se repetirá una estampa que ya se contempló a comienzos de los 90, cuando la cofradía iniciaba su estación de penitencia desde el templo de la calle San Luis por encontrarse el suyo en obras.
Más de tres décadas han pasado, periodo que los expertos consideran insuficiente para el grado de deterioro que presenta San Julián, el cual se ha agravado con los temporales sufridos este invierno. Su párroco, Amador Domínguez, no ha parado de recibir llamadas la última semana, desde que trascendió que el cierre del templo se adelantaba a la fecha prevista en principio, después de Semana Santa. Así lo había anunciado el propio sacerdote el 1 de febrero en la función al Cristo de la Buena Muerte. Los planes cambiaron cuando se detectó la caída de arenilla. No se podía esperar. El martes, un día después del Vía Crucis de las Hermandades (que presidió el titular de la Hiniesta), el Arzobispado confirmaba la medida a tomar: el obispo auxiliar Teodoro León autorizaba la clausura, que tendrá lugar este domingo, tras la misa de las 11:30.
La intervención que se acometerá ahora tendrá una duración de ocho meses. Al frente del proyecto está Miguel Ángel López, arquitecto y conservador de la Catedral. Se actuará en tres zonas del templo. El tejado, que según Domínguez, "tendrá que levantarse entero". También se trabajará en los paramentos "exteriores e interiores", en la torre-campanario del templo (tanto por dentro como por fuera) y en la ojiva de la fachada principal.
"Los materiales que se emplearon en aquella intervención no fueron los más idóneos", afirma con rotundidad el párroco de San Julián, que considera que esta falta de calidad es causante, en buena medida, de los problemas actuales. El sacerdote los detalla. En el caso de la techumbre, en lugar de colocar tablas se optó por paneles, un elemento "muy endeble" y poco resistente a la lluvia. "Al mojarse se convierte en una especie de esponja, que es el aspecto de los trozos que han caído las últimas semanas", explica Amador Domínguez. Un efecto que es visible para quienes estos días alzan la vista hacia las alturas de la parroquia.
Otro material que hoy día está descartado en cualquier plan de restauración: los muros de la iglesia se revistieron con pintura plástica en lugar de hacerlo con mortero de cal, "algo totalmente contraproducente". Ahí están las consecuencias con el paso del tiempo. Son continuos los desprendimientos tanto en el exterior como en el interior de la parroquia, que dejan a la vista los ladrillos. En actuaciones acometidas recientemente en templos del Casco Antiguo de Sevilla, como la parroquia de Omnium Sanctorum, se ha optado por retirar cualquier revestimiento de la fachada y dejar el ladrillo visto, una medida que también se podría tomar en San Julián.
Uno de los métodos seguidos que cuestionan la idoneidad de la restauración de los 90 concierne a la famosa ojiva. Se usaron trozos de tejas y de hierro, junto al hormigón, para reparar los desperfectos que presentaba, un procedimiento que hoy día no está permitido. El aspecto que presenta este pórtico constituye una muestra más que evidente del deterioro del templo. Sobre él crece la maleza, con una altura considerable, como lo hace encima de las tejas que cubren la techumbre, donde la verdina con las últimas lluvias le añade una capa de color que es visible a poco que alguien tome cierta perspectiva.
La intervención que se acometió en los 90 fue la segunda que se llevó a cabo en este templo cercano a la Puerta de Córdoba desde su reapertura en la década de los 40, después de ser pasto de las llamas en el incendio provocado de 1932, en pleno movimiento anticlerical de la II República. Ya tuvo una restauración en los 70 cuyo resultado, como ahora, apenas se prolongó 30 años.
En la década de los 90 coincidieron varios templos sevillanos en obras. Destacada fue la Semana Santa de 1990, cuando muchas cofradías se encontraban refugiadas en sedes provisionales. A la Hiniesta se sumaban San Isidoro (en la Anunciación), las Aguas (en los Terceros), Jesús Despojado (desde San Gil), Los Gitanos (desde Santiago), San Esteban (en San Ildefonso) o Santa Marta (tuvo que permanecer una década exiliada en San Martín). Dicha situación obedecía a los trabajos que se acometían en las iglesias donde radicaban, muchos de los cuales eran objeto de restauración gracias a la comisión mixta creada a mediados de los 80 entre el Arzobispado hispalense y la Junta de Andalucía. Este convenio se originó cuando al frente de ambas instituciones se encontraban Carlos Amigo Vallejo y José Rodríguez de la Borbolla. Quizás, el mayor -y complejo- exponente de esta colaboración fue (años más tarde) la restauración del Salvador, iglesia que también tuvo que cerrarse al inicio de una cuaresma, la de 2003.
Pero no sólo aquella intervención de los 90 es culpable del deterioro actual. Domínguez apunta, de igual modo, a "la falta de mantenimiento" desde entonces, al no haberse acometido labores conservativas en estas tres décadas, que obligan a afrontar ahora trabajos de mayor envergadura. Unas labores que tendrán un coste aproximado de 600.000 euros, de los que una mitad la sufraga el Arzobispado y la otra, la parroquia con fondos propios. Ya hay 87 cuotas mensuales comprometidas para afrontar el desembolso.
En este sentido, el que es párroco de San Julián y Santa Marina pone de ejemplo la labor preventiva que en el aspecto patrimonial mantienen hermandades como la Resurrección, con sede en la iglesia de la calle San Luis. Pese a no ser propietaria del templo, en 2025 invirtió 46.000 euros en obras de conservación, que, entre otros fines, sirvieron para poner a punto la capilla donde recibe culto la Virgen de la Aurora. "Estas actuaciones periódicas evitan males mayores, como el que sufre San Julián actualmente", apostilla Amador Domínguez.
También te puede interesar