Los secretos de la marcha "A la memoria de mi padre" y Madre de Dios de la Palma
Música
La composición, obra de Manuel Font Fernández de la Herranz, está dedicada a su padre, Font Marimont
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Como otras tantas composiciones que permanecen diluidas en carpetas y documentos, la marcha A la memoria de mi padre permanece en las retinas y en el recuerdo como los mirlos blancos, como los arcoiris, como un trébol de cuatro hojas. En honor a la verdad apuntaremos que se escucha con más frecuencia que hace veinte años -por fortuna- pero sigue sin ser fija en algunos repertorios donde perfectamente encajaría. Por corte, por itinerario, por andar...
Poco más de diez minutos suelen bastar en San Pedro para sellar, en la memoria de los cofrades, uno de los momentos ineludibles de la Semana Santa sevillana en el siglo XXI. Desde la estrechez de Boteros hasta la plaza. Una chicotá toda que vale un potosí. Corría el mes de abril del año 2003 cuando -apunta el incombustible Castroviejo en Patrimonio musical- en la iglesia de San Francisco de Cádiz la banda de música de Julián Cerdán interpreta la marcha A la memoria de mi padre tras un amplio proceso de revisión y recuperación. Aunque fue grabada por el Soria 9 en el año 1987, se desconocía otra interpretación tanto en exterior como en interior.
Pocos días después, el Miércoles Santo (Julián Cerdán aún acompañaba a la dolorosa) la cofradía del Cristo de Burgos y la dirección sanluqueña convienen interpretar esta marcha en esta señera plaza a Madre de Dios de la Palma, en su camino de regreso al templo, alta ya la madrugada. Desde entonces, esta composición casi nunca ha dejado de resonar por los estrechos muros de Sales y Ferré, una tradición que ha heredado la banda de Tejera y que pronto se prodigó a otros repertorios como el de la Victoria, la Piedad de los Servitas o la Merced de Pasión.
La marcha en cuestión, indicando superficialmente algunos aspectos históricos y técnicos, está dedicada a la memoria de José Font Marimont, autor de Marcha Fúnebre - Quinta Angustia, y padre de Fernández de la Herranz. Fue compuesta en febrero de 1899 en homenaje a Marimont, que había fallecido meses antes. Se da la curiosidad que en el manuscrito original apenas se aprecia, debido al paso natural del tiempo, uno de los acordes finales de la marcha: el redoble final de la caja y la campana que cierra la interpretación, sin duda esencial para conseguir un efecto de emotividad y profundidad único. Es posible que el propio Fernández de la Herranz decidiera suprimirlos para facilitar la interpretación de la marcha en la calle, al igual que ocurría con Gámez Laserna.
En el año 2005, la Municipal de Sevilla, de la mano de Gutiérrez Juan, realizó una grabación de la marcha recuperando hasta treinta compases más que figuraban como ininteligibles en la partitura y que redondearon, más si cabe, una marcha extraordinaria que debiera figurar en todos los repertorios de corte fúnebre.
En este vídeo, del canal erbeso_, pueden disfrutar de la chicotá de este año de Madre de Dios de la Palma por Sales y Ferré.
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