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Acoso al VOvi

La Policía impone cientos de multas a los aparcacoches uniformados de PM40 Un cambio legal los equipara a los 'gorrillas'

Uno de los miembros de la asociación PM40 muestra dos fajos de multas que han recibido en las últimas semanas.
Fernando Pérez Ávila

18 de agosto 2013 - 05:03

Barry Bobo es un inmigrante de Guinea Conakry que trabaja como aparcacoches en Bami. Es un vovi, uno de esos guardacoches uniformados de pantalón granate y camisa blanca a los que se les pagan 60 céntimos cuando se deja el coche en su zona, que hace entrega de un tícket y que tiene un turno de trabajo y un horario establecido. Tanto él como sus compañeros de PM40, la asociación que puso en marcha a los vovis hace casi 20 años, recuerdan que no son gorrillas y que la cantidad que el ciudadano entrega por dejar su coche aparcado siempre es voluntaria.

El Ayuntamiento no lo entiende así. Para el gobierno local, los vovis son igual de gorrillas que aquellos indigentes o toxicómanos que se colocan en un hueco libre y exigen un dinero por aparcar, y a los que el ciudadano suele entregarles una determinada cantidad más por miedo a que le causen daños en el vehículo que porque confíe en la vigilancia que le preste el aparcacoches. Por ello, la Policía Local no discrimina a la hora de sancionar aplicando la ordenanza antivandálica, que tiene un punto específico en el que prohíbe la práctica de exigir dinero a cambio de indicar un lugar para aparcar.

De las aproximadamente 5.000 multas que el Consistorio lleva impuestas a los gorrillas en los últimos dos años y medio, los vovis han recibido un porcentaje importante. Sólo Barry Bobo, por ejemplo, acumula 26. Y hay que tener en cuenta que son 130 los vovis que hay en Sevilla actualmente. "Al principio venía la Policía, tomaba mis datos y me multaba. Ahora ya ni siquiera me paran. Pasan con el coche, me ven y me multan directamente, sin ni siquiera detenerse", dice este inmigrante. Cada denuncia es de 30 euros. Cuando la Policía Local les multa, los aparcacoches entregan las copias en la sede de la asociación PM40.

Esta entidad está formada íntegramente por desempleados. De hecho, su nombre es un acrónimo de Parados Mayores de 40 años, si bien en los últimos tiempos han tenido que modificar los estatutos por la fuerte demanda de desempleados jóvenes que intentan integrarse en la asociación. Los vovis nacieron como una ocupación y una pequeña fuente de ingresos para estos desempleados, que difícilmente consiguen ganar poco más de 600 euros por el aparcamiento de vehículos.

Dos de los supervisores de los vovis, Andrés Rodríguez y Carlos Sánchez, lamentan que la Policía les haya impuesto más de 200 denuncias en los últimos meses. "Creo que nos están multando únicamente a nosotros. A un gorrilla lo pueden multar, pero luego saben que esa multa no se va a cobrar porque no tiene domicilio ni bienes para embargarle ni nada. Nosotros sí tenemos domicilio al que mandarnos las multas". Lo dicen enseñando un fajo de boletines y otro fajo de notificaciones a domicilio, que ya están en trámites de cobro. Por el momento la asociación las está recurriendo todas, pero sus responsables desconocen si podrán ganar estos recursos y no saben cómo podrán afrontar los pagos.

Las alegaciones de PM40 se basan en que la asociación tiene firmados dos convenios de colaboración con el Ayuntamiento de Sevilla. Uno es del año 2000 y el otro de 2002. En esos acuerdos, precisamente con el fin de acabar con los aparcacoches ilegales, el Consistorio habilita a los vovis para varias funciones: la "ayuda al estacionamiento y vigilancia de vehículos privados" en diferentes barrios de la ciudad, "la colaboración en la organización de entradas y salidas de alumnos en aquellos colegios que lo soliciten", la asistencia a empleados y usuarios de Tussam en determinadas líneas y servicios nocturnos en aquellos barrios en los que sean requeridos por las asociaciones vecinales.

Para PM40, el convenio sigue vigente porque nadie del Ayuntamiento les ha informado de lo contrario en los últimos años. El Consistorio, en cambio, considera que no es necesario ponerse en contacto con los responsables de los vovis para comunicarles el fin del acuerdo porque el convenio quedaría derogado de facto en el momento de la entrada en vigor de la ordenanza antivandálica. La explicación es la siguiente: un convenio de colaboración no puede contradecir uno de los preceptos recogidos en una ordenanza, que es una norma superior.

Desde la entrada en vigor de la ordenanza, las multas a los vovis son continuas. No sólo han recibido denuncias por infracciones a la ordenanza antivandálica, que están castigadas con 30 euros de multa. También ha llegado alguna multa por caminar por la calzada, obstaculizando o poniendo en peligro la circulación, infracción penada con 70 euros de multa."Si nos multan por caminar por la calzada, ¿por qué no lo hacen con aquellos peatones que cruzan por sitios indebidos?", se preguntan. Otra denuncia ha sido contra la persona que trabaja en el parking en superficie de la avenida de Cádiz, junto a la antigua estación de San Bernardo.

Los vovis no entienden este exceso de celo de la Policía y acusan directamente al Ayuntamiento de organizar una cacería contra ellos. "No tenemos nada contra la Policía y sabemos que muchas veces hay agentes que hacen la vista gorda pese a que las órdenes de sus superiores son claras", dicen, y responsabilizan del incremento de las multas al ex delegado de Seguridad y Movilidad, Demetrio Cabello. "Durante el tiempo que estuvo este señor en el Ayuntamiento, tuvimos verdaderos problemas a diario".

Los responsables de PM40 explican que durante años han colaborado con la Policía, han asistido a juicios como testigos de robos o de accidentes de tráfico, aun perdiendo su jornada labora; se han encargado del aparcamiento en conciertos multitudinarios celebrados en el Estadio de la Cartuja o en el auditorio y que también han colaborado con el Circo del Sol. "Metimos 14.000 coches en los aparcamientos del estadio el día de Bruce Springsteen. También nos han quitado eso ahora".

Recuerdan que lo que entregan los ciudadanos que quieran dejar el coche aparcado en su zona es una colaboración voluntaria, que nadie está obligado a pagar. "Yo sé que puede haber algún vovi que ponga mala cara, no todos van a estar con una sonrisa, pero, de verdad, que la gente sepa que no están obligada a pagar. Y que, si paga, sepan que de los 60 céntimos, 30 son para el aparcacoches y 30 se entregan en la asociación para la ropa, los boletines, abrigos, trajes de agua y los gastos que podamos tener", comenta Carlos Sánchez. Si el vovi llega a 600 euros se le entrega una prima de 90 euros. Si llega a 900, la bonificación asciende a 150, aunque son muy pocos los que llegan a esta cantidad.

Los vovis temen la ampliación de la zona azul, que se implantará en Bami, Nervión y otros lugares en los que hay aparcacoches de PM40. "Al Ayuntamiento no le interesan los vovis. Es muy barato que un coche pueda estar aparcado por 60 céntimos un día entero. Por eso pone ahora la zona azul, porque si alguien va a trabajar y deja el coche ocho horas estacionado en un sitio tiene que pagar más de cinco euros, cuando ahora sólo abona 60 céntimos... y si quiere abonarlos".

En Bami nadie entiende por qué se suprimió el aparcamiento en la acera próxima a la vía del tren, justo en la calle donde trabajar Barry. Antes había una rampa de hormigón que permitía a los coches acceder a la acera y se podía aparcar en ella. Es una acera de tierra, llena de baches y en la que sólo hay árboles, por la que no pasa nadie porque linda ya con el muro de la vía ferroviaria. Semanas después de la llegada del nuevo gobierno, una máquina retiró la rampa de hormigón y colocó barreras de hierro o de piedra para impedir el acceso de los coches, eliminando así cientos de plazas de aparcamiento en un lugar ya de por sí saturado por la cercanía del hospital Virgen del Rocío.

Barry Bobo, el aparcacoches que atiende esta calle, nunca pudo llegar a entenderlo. "Es que yo entendería que se retirara esto para hacer un carril-bici, o por cualquier otra razón, pero no cerrarlo por cerrarlo. Aquí, encontrar aparcamiento en septiembre es una lotería, los coches ahí no le hacían daño a nadie", explica el vovi. Quizás tenga algo que ver la reciente apertura de dos aparcamientos subterráneos en las inmediaciones de esta calle.

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