los invisibles

"Con la Amnistía del 77 se vaciaron las cárceles y se llenaron los cementerios"

  • Manuel Sánchez. En nombre de la memoria de los 215 guardias civiles asesinados por ETA, este agente presta su último servicio en forma de una investigación convertida en libro

Manuel Sánchez, en el hotel Ayre de Sevilla, cuando vino a presentar la obra. Manuel Sánchez, en el hotel Ayre de Sevilla, cuando vino a presentar la obra.

Manuel Sánchez, en el hotel Ayre de Sevilla, cuando vino a presentar la obra. / juan carlos vázquez

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Dedicó más de 25 años de su vida a combatir el terrorismo de ETA. Manuel Sánchez (Valladolid) es hijo y nieto de guardias civiles. Publica con un novelista de éxito y un joven periodista el libro de un pulso que tiñó de sangre la historia de España.

-El camionero que intentó ayudar al primer guardia civil asesinato por Eta, José Antonio Pardines, acabó en la Benemérita.

-Es el primer episodio del libro, el heroísmo del camionero Fermín Garcés. Se hizo guardia civil, hace un par de años le dieron un galardón en Valdemoro.

-Marisa tenía 18 años cuando asesinaron a su padre y decidió hacerse guardia civil...

-La hija del subteniente Martín Luengo fue de la primera promoción de mujeres del Cuerpo. La he tenido hasta hace poco tiempo en el Servicio de Información.

-Las mellizas Esther y Miryam Barrera tendrían 32 años...

-Tenían tres años. El testimonio de su padre, que sobrevivió al atentado de 1987 en el cuartel de Zaragoza, es desolador. El libro no aborda sólo el principio y el fin de ETA; hay dos grandes protagonistas, las víctimas y los investigadores. Éstos no querían o no solían hablar y su testimonio es fundamental. Las víctimas tenían que dejar de ser números, ponerles nombre y apellidos.

"El comando Argala se desarticuló en un control de tráfico en Santiponce cuando iban a actuar en Sevilla"

-¿Hay una deuda con los huérfanos?

-Hablamos de 215 guardias civiles asesinados; más de la mitad tenían menos de treinta años. Entre las víctimas hay 17 familiares, nueve de ellos niños.

-Argala preparó el atentado contra Carrero y dio nombre a un comando sanguinario...

-El comando Argala era el gran secreto de ETA. Nadie sospechaba de ellos. Eran franceses, atentaban una vez al año. Eran muy buenos-muy buenos-muy buenos en el sentido de que eran muy malos-muy malos-muy malos. Inteligentes y valientes. Los desarticuló un control de la Guardia Civil en Santiponce cuando querían actuar en Sevilla. El mérito fue de gente muy preparada sin ser expertos en terrorismo.

-¿Si alguien tiene derecho a criticar algunas cosas de la Transición es la Guardia Civil?

-Es cierto que con el decreto de Amnistía de 1977 se vaciaron las cárceles y se llenaron los cementerios. Adolfo Suárez, de buena fe, quería integrar en la democracia a toda la sociedad, a los buenos, los malos y los muy malos. Después de cuarenta años de régimen de Franco, quería hacer borrón y cuenta nueva, pero de veinte asesinatos antes del 78 se pasó a setenta, ochenta, noventa muertes al año. Por eso, cuando se habla de una nueva oportunidad a los presos de ETA, la democracia ya les dio su oportunidad en 1977 y no la aprovecharon.

-¿Hay mayor vileza que asesinar a tres agentes que custodiaban una prueba ciclista en Salvatierra y seguir con las fiestas?

-En aquella época los muertos no tenían ningún valor ni consideración. No podíamos enterrarlos ni hacerles una misa. En el libro está la foto de la capilla ardiente de un guardia civil en un garaje de Oñate, a escondidas.

-Savater escribió que el conflicto vasco fue la única guerra en la que no murió ningún cura.

-La Iglesia vasca debería pasar por el confesionario y no lo ha hecho todavía.

-Usted se incorpora en 1987. ¿En esa época se les empieza a ganar la batalla?

-Se crea el Servicio de Información, entramos en Francia porque ETA mataba en España pero vivía en Francia. Allí tenía la infraestructura, los santuarios, los dirigentes.

-Su lema es 'Sereno en el Peligro'. ¿Como el vórtice del tifón?

-Si uno mira los muertos que hemos sufrido, nunca hemos sacado los pies del tiesto.

-¿Es verdad que Kubati admiraba a la Guardia Civil?

-En algunos encuentros con ellos, de soldado a soldado, surgía entre ambos bandos el respeto y admiración, más de ellos hacia nosotros que viceversa.

-¿Qué supuso el GAL?

-Fue un error mayúsculo y sin paliativos que le permitió a ETA decir que el Estado era igual de malo que ellos. Había que conocer la España de esos años, un muerto cada sesenta horas. Lo único positivo es que hizo que Francia actuara contra ETA.

"A los muertos no podíamos ni decirles una misa. La Iglesia vasca debería pasar por el confesionario"

-¿Los últimos muertos?

-De la Guardia Civil, Fernando Trapero y Raúl Centeno, asesinados en Cap Breton. Eran del servicio de Información que yo dirigía. La primera vez que tuvimos dos bajas propias.

-Consiguieron parar Lemóniz y desviar la autovía de Leizarán...

-Su gran triunfo fue Lemóniz. El ecologismo es una bandera que les dio muchos adeptos. Se apuntaron al ecologismo, el feminismo, el antimilitarismo.

-Los carteles 'Aquí se tortura, Que se vayan' se han vuelto a oír en Cataluña...

-Espero que sea una cosa puntual. En Cataluña se quiere mucho a la Guardia Civil.

-¿Cómo es la vida en cuarteles?

-Mi hermana nació en Cataluña porque mi padre estaba en el cuartel de la Guardia Civil de Puigcerdá. Lo destinaron a Palencia y yo nazco en Valladolid. Llegué con meses a Irún y me fui de allí con 18 años a la Academia General Militar de Zaragoza. Me crié en el País Vasco y después he hecho todo mi servicio en el cuartel de San Sebastián.

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