La Cátedra de la amabilidad
Se jubila "el farmacéutico de Los Pajaritos" tras 54 años en el barrio
Desde la construcción de la barriada de Los Pajaritos, en 1959, hasta nuestros días, la farmacia Aramburu ha sido un punto de referencia en la zona. Su boticario, Pedro Aramburu del Río, ha presenciado durante décadas, desde su negocio de la calle Calandria, la historia de un barrio obrero que empezó siendo ocupado por familias trabajadoras y que hoy en día sufre un progresivo deterioro "a causa de la entrada de la droga". Pese a la degradación y los problemas, este farmacéutico, conocido por todos como "don Pedro", siempre ha atendido a sus clientes con una sonrisa de oreja a oreja.
Pedro Aramburu, de 84 años, dice adiós al barrio de Los Pajaritos al jubilarse hoy tras 54 años de trabajo en su farmacia de la calle Calandria, una triste noticia para los vecinos, que se verán desprovistos del que ha sido su "benefactor y confesor". Perteneciente a la tercera generación de una familia de farmacéuticos -su hija continúa la tradición-, Aramburu fue ganador del premio a la Mejor Labor Profesional Farmacéutica por la Fundación Avenzoar. Este jubilado asegura "ser buena persona, nada más. Es muy importante saber oír, saber escuchar y saber atender".
"Es duro permanecer impasible cuando una madre viene y te asegura que su hijo desvalija su casa en busca de dinero para comprar estupefacientes", explica sobrecogido el farmacéutico, quien no sólo se ha preocupado por las necesidades materiales de sus clientes, sino también por "las psicológicas". "Ha fiado medicinas a gente en exclusión social y dado leche a los niños de aquellas madres que no podían permitírselo", expresa orgullosa su hija Macarena, que asegura haber aprendido más a su lado que en todos sus años en la facultad. "Él es mi maestro", añade esta boticaria.
Según Macarena Aramburu, su padre "goza de un ojo clínico capaz no sólo de apreciar las dolencias del paciente, sino que también es capaz de captar aquellos problemas que afectan a las relaciones de una familia". Ninguno de los viandantes que pasean por la calle Calandria o sus alrededores son capaces de dedicar una mala palabra don Pedro.
El secreto es escuchar, preguntar y sonreír. "No sabe cuánto puede agradecerse una sonrisa o una palabra", explica Pedro Aramburu antes de atender amablemente a una clienta y preguntarle por la evolución de su osteoporosis.
La farmacia de don Pedro ha sufrido dos atracos. Tras el primero cambió la puerta principal de madera por una de hierro, mientras que el segundo le obligó a instalar ventanillas. Aun así, nadie ha conseguido dinamitar su moral ni que ceje en su intento por que Los Pajaritos vuelva a ser lo que fue, "un barrio humilde donde todos se ayudaban y confiaban antes de que apareciese la droga".
La próxima dueña del establecimiento, Elisa Borrego, reconoce que, a pesar de llevar una semana en la zona, se ha percatado del cariño que le profesan los vecinos y espera "poder hacerlo de la misma manera". Muchos son los que echaran de menos al "médico y terapeuta del barrio".
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