El Corpus en Sevilla

La procesión de Murillo y Montañés

  • La procesión de la Magdalena recorre una Plaza del Museo presidida por la escultura de Murillo, bautizado en la parroquia en la que se enterró Martínez Montañés. Ambos están de aniversario

El Dulce Nombre de Jesús avanza por la Plaza del Museo. Mañana de rezos, juncia y romero, cera roja, niños con pantalón corto. La collación de la Magdalena hace una breve visita a la de San Vicente. Son las diez y pico. La temperatura es muy agradable. El sol no pega muy fuerte. El azul del cielo es intenso.

En el centro, presenciando la escena, está Murillo. Faro de la Plaza del Museo que mira a la torre de San Vicente. Buena parte de la plaza está vallada. La culpa es de las ratas. La zona más próxima a Alfonso XII ya está libre de roedores tras el tratamiento de choco aplicado por el Ayuntamiento. "Algunas habían pedido ya hasta la solicitud de ingreso", bromea un hermano del Museo. El altar de la capilla lo preside el San Ramón Nonato de Juan de Mesa. Cuando el maestro cordobés murió en 1627 a consecuencia de la peste el pintor de las inmaculadas apenas contaba con diez años.

El maestro de Mesa, Juan Martínez Montañés, está enterrado en algún lugar de la Plaza de la Magdalena, donde se encontraba la antigua iglesia. Se cumplen 450 años de su nacimiento y 400 del pintor. Murillo, que fue bautizado en la Magdalena, tenía 32 año cuando falleció el Dios de la madera. Dos artistas vinculados indisolublemente a esta señera parroquia de la ciudad que este domingo vivió su día grande acompañando a Jesús Sacramentado. Sobre el imaginero de Alcalá la Real, por cierto, se está preparando una interesante exposición que mostrará la intensa relación que mantuvo a lo largo de su vida con este templo tan cercano a su taller, de donde salieron tantas obras maestras.

El Niño Jesús del Quinta está arriado ante el número cinco. Este año se echa en falta el magnífico altar. Suena Tejera. Pasa la Virgen Macarena. Los niños de pantalón corto juguetean con la cera y las hojas caídas de los árboles hasta que son advertidos. "La hoja al suelo". El paso gira para saludar a la representación del Museo, hermandad que espera ansiosa la llegada, aunque sea temporal, del cuadro de Murillo La Resurrección, que durante siglos colgó en su capilla y fue expoliado por los franceses, que también se llevaron el suelo de mármol. Obligada es la marcha Virgen de las Aguas.

En el número cinco está ahora la Inmaculada. De nuevo Murillo en la memoria. El señorial cortejo rodea la plaza. La abraza. La custodia acompañada por los cantos de los fieles que caminan tras el Santísimo. Las marchas sonaron a la entrada antes de que el párroco, Francisco Román Castro, impartiera la bendición y cayeran los pétalos desde la bóveda del templo.

La ciudad celebró este domingo una veintena de procesiones eucarísticas en la festividad del Corpus Christi. Multitudinario un año más el chico de Triana. Este año, con el recuerdo y las oraciones para don Eugenio Hernández, el buen párroco fallecido tras una larga enfermedad hace apenas una semana.

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