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Emociones de paisanaje a flor de piel

calle rioja

Reconocimiento. El dermatólogo y académico Ismael Yebra recibe la Cúpula Gallonada de la Casa de Zamora por la presencia en su vida y su obra de la tierra natal de sus padres.

Homenaje a Ismael Yebra. / J.a. García
Francisco Correal

28 de noviembre 2016 - 07:10

LA Cúpula Gallonada viajó desde Zamora a Sevilla. La trajo José Luis Bermúdez Lorenzo, diputado de Educación, Cultura, Deportes y Emigración de la Diputación Provincial de Zamora. Su nuevo destinatario es Ismael Yebra Sotillo, recibido ayer con todos los honores por la Casa de Zamora en la sede de la Casa de Castilla y León. Fernando III fue un zamorano que conquistó Sevilla. Ismael, me llamo Ismael como el arranque formidable de Moby Dick, conquistó ayer Zamora. La reconquistó.

Un acto hermoso con un repaso a su nacimiento, infancia y juventud. Al trasiego migratorio de sus padres con el guión y el afecto de Modesto Espada Varela, que un año antes recibió el mismo galardón zamorano. Modesto y su hermano Tarsicio son los músicos oficiales de la gaita sanabresa, instrumento que han llevado a todas partes con el magisterio de Ceferino, su padre.

José Luis Bermúdez es alcalde de Rábano de Aliste, pero ayer cantó las bondades de Rábano de Sanabria, el pueblo natal de Francisca Sotillo, la madre de Ismael y de su hermano Pepe, que acudió al homenaje. Daniel Yebra, su padre, nació en Barrio de Rábano. Los hijos se quedaron muy niños sin madre y demasiado jóvenes sin padre. Ismael se recordó con 12 años cogiendo con su padre, "tres veces antes de su muerte", el tren Rías Altas en la estación Plaza de Armas. La última visita con el hombre que lo hizo zamorano. En el turno de agradecimiento, Ismael emocionó a este paisanaje de la sangre al insinuar por qué tanta gente dejaba una tierra tan hermosa.

"La tierra no es mala, lo que es malo es el cielo". Una teología castiza que explica que saquen en procesión a cuatro Vírgenes, titulares de cada uno de los pueblos. Al dermatólogo y académico de Medicina y Buenas Letras lo acompañó Victoria, su mujer, la madre de Victoria y Daniel. También estuvieron buenos amigos suyos como el americanista Pablo Emilio Pérez-Mallaína, que cambió los océanos por los lagos de Sanabria, y el editor Juan Antonio Romero, que le dio forma de libro al viaje de Yebra con la fotografía de Antonio del Junco a los conventos de clausura.

Modesto y Tarsicio Espada son de Perazales de Sanabria, pueblo de José Sanz, presidente de la Casa de Zamora, que compartió honores con Rosa María Giménez Bech, presidenta de la Casa de Castilla y León, artífice del reciente hermanamiento entre Sevilla y Medina de Rioseco.

Sanabria es una de las tres patas vitales de Ismael Yebra. Las otras son Umbrete y la Alfalfa. De pueblo y de ciudad. De Sanabria y del Guadalquivir. Fue alumno de los Escolapios y le gustan los pregones de otoño, la primavera camuflada, quizás porque la temperatura de la Sevilla otoñal le transporta a la Zamora de sus ancestros, la que se tomó en una hora eterna que es toda una vida.

Hubo misa en la iglesia del Perdón oficiada por Ulpiano Cacho, saerdote zamorano, canónigo de la Catedral de Sevilla. Ancha es Castilla. Sentados, en un mapa machadiano, Pepe Colinas, leonés; José Lorenzo, de Perdigón del Vino (Zamora); Beatriz San Román, de Salamanca; Pedro Flores y Amando del Valle, los dos de Zamora y de la Agencia Tributaria; Bernardo Caballero, de Villabrágima (Valladolid); Luis Moral, de Burgos; y Valentín Terceño, de Congosto de Valdavia (Palencia).

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