Sevilla

Espadas rescata una estrategia de ocio alternativo para tratar de frenar la ‘botellona’

  • Las multas se multiplican por cuatro este año, pero el control es insuficiente 

  • La propuesta contempla abrir de noche centros cívicos y bibliotecas y mayor oferta cultural

Un grupo de jóvenes hace una botellona. Un grupo de jóvenes hace una botellona.

Un grupo de jóvenes hace una botellona. / José

La idea no es nueva, es una asignatura pendiente que urge acometer con acierto en esta pandemia. Sevilla necesita propuestas de ocio saludables y seguras para los jóvenes. Una alternativa que limpie las calles de botellonas con una oferta capaz de seducir a un público que las restricciones impuestas por el coronavirus va arrinconando tras el  cierre de locales y la mano dura contra las concentraciones, grandes focos de contagio y, desde hace años, de conflictos vecinales.

Grupos de adolescentes consumen alcohol junto al río. Grupos de adolescentes consumen alcohol junto al río.

Grupos de adolescentes consumen alcohol junto al río. / José Ángel García

El gobierno de Juan Espadas quiere apostar de nuevo por una estrategia dirigida a una juventud que, tradicionalmente, no conecta con la política municipal ni habla el mismo lenguaje. Un cometido nada fácil. De hecho, ningún gobierno municipal, ni siquiera el actual que repite mandato, ha logrado dar con la tecla por ahora.

Actualmente, el control de la botellona es fundamentalmente policial y, aunque en los últimos meses se ha intensificado más que nunca, se confirma como insuficiente y, en determinados puntos, ineficaz. Como prueba un dato: en lo que va de año las sanciones por beber en la calle, que pueden llegar hasta los 300 euros, se han multiplicado por cuatro con respecto al año anterior, pues ya se superan las 5.000. La batalla policial contra la botellona aumentó considerablemente hace un año, en el otoño pasado, ante la urgencia de actuar con contundencia ante lo que se había convertido, al margen de un problema de ruido, suciedad y quejas vecinales, en una cuestión grave de salud pública y seguridad: el creciente número de menores que acababan en urgencias en coma etílico y la delincuencia que aprovechaba para esconderse en estas concentraciones.

¿Qué propone el gobierno de Espadas? “No se trata sólo de concienciar, de lanzar algunas campañas y abrir los centros cívicos unas horas, eso nos suena. Esto es una apuesta más completa y sobre la que girará toda la política y los recursos económicos de Juventud”, explica el delegado municipal del área, Juan Antonio Barrionuevo. 

El primer paso es escuchar a los jóvenes y convertirse en guía de sus inquietudes e iniciativas, involucrando no sólo al Ayuntamiento, también a las entidades de los distintos barrios en propuestas reales que ellos sientan suyas, algo fundamental para garantizar el éxito.

La estrategia, que se ultima estos días, se vertebra en tres ejes. El primero es un novedoso programa de dinamización juvenil que se está tramitando y en breve pasará a la fase de adjudicación. Doce institutos formarán parte de una primera red piloto donde se persigue fomentar su participación y el compromiso social, pues la idea es que los estudiantes comprometan su tiempo libre con proyectos sociales, con el voluntariado o incluso en la participación en la gestión de lo público a través de los distritos. Este programa cuenta con un presupuesto de 120.000 euros y, aunque será monitorizado por los técnicos municipales, se adjudicará a una empresa. El trabajo inicial consiste en un mapeo y rastreo de iniciativas y entidades en cada barrio que puedan colaborar en el proyecto. La intención  final es que los jóvenes elaboren sus propios proyectos, sobre el ocio o las actividades que quieren, y el Ayuntamiento los acompañe en todo el camino hasta ponerlo en marcha.

Doce institutos iniciarán un programa pedagógico y que implicará a las entidades de los barrios

Otro de los ejes tiene que ver con la comunicación bilateral entre el Ayuntamiento y los jóvenes. Hay 40.000 euros para mejorar y reforzar la App Joven y se incrementarán las acciones en redes sociales, con perfiles nuevos, para acercar la Administración local y su oferta ciudadana a este colectivo. La intención también es desarrollar mesas de participación presenciales y telemáticas con jóvenes donde intercambiar experiencias  e ideas y tutorizarlas y conseguir que sean aceptadas y desarrolladas por los distritos.  La estrategia contempla, además, la ampliación de la programación cultural.

Y en tercer lugar se habilitarán espacios de ocio en un momento en el que se cierran parques y enclaves públicos. La solución, muy alejada de los botellódromos que se han barajado en otros momentos,  pasa por abrir instalaciones municipales de noche. Aunque ni los horarios ni el número de edificios está aún definido, la idea es que en ellos se puedan compaginar actividades culturales, deportivas y recreativas con salas para el estudio. La intención es arrancar con esta oferta a primeros de 2021. Ahora se baraja si dispersarla por varios centros o concentrarla en uno solo con una programación cerrada.

Desde el Área de Juventud se insiste en que, a diferencia de otros momentos, la apuesta de ahora centrará todas las políticas en esta materia y contará con su presupuesto. Juventud seguirá desarrollando programas como Circada, el taller de debate o el premio la cultura científica, pero todo se vertebrará en esta nueva estrategia para una vieja aspiración.

Policías locales sancionan a dos jóvenes que beben en el centro de Sevilla. Policías locales sancionan a dos jóvenes que beben en el centro de Sevilla.

Policías locales sancionan a dos jóvenes que beben en el centro de Sevilla. / @emergenciasSevilla

Más de diez años de ideas fallidas

Seviocio. Ése era el nombre de un proyecto que nació no exento de polémica y que contemplaba construir en Sevilla un  botellódromo, iniciativa que pusieron en marcha también otras ciudades. Durante el último mandato de Alfredo Sánchez Monteseirín, se llegó incluso a urbanizar y vallar un espacio en la Cartuja, en lo que fue la bancada de la Expo, cedido por la Junta de Andalucía de 41.000 metros cuadrados. El proyecto se sacó luego  a concurso  en dos ocasiones, en 2009 y 2010, y finalmente quedó desierto.

¿Cuál fue el motivo? A los empresarios del sector hostelero nocturno no les interesaba claramente hacer una inversión millonaria, pues el espacio tenía que ser dotado por el adjudicatario, para hacer la competencia a sus propios negocios, bares de copas.

Sevilla apostó por un botellódromo porque una ley andaluza de 2006, la misma que permite las sanciones, autorizaba este tipo de instalaciones para evitar las molestias a los vecinos. Granada fue una de las capitales que puso en funcionamiento una iniciativa similar.

El gobierno municipal cambió en 2011. Juan Ignacio Zoido llegó a la Alcaldía y rechazó el proyecto socialista, anunciando una alternativa propia que nunca llegó a verse. En concreto, enterró el botellódromo en la Cartuja de 41.000 metros cuadrados y diseñado uno para 30.000 jóvenes,  para negociar con los empresarios de ocio nocturno una alternativa, un sitio que podía dar más oportunidades como lugar de esparcimiento para jóvenes y que nunca llegó a desvelarse.

Su sucesor, Juan Espadas, apuntó en sus años de oposición a una red de botellódromos por barrios. Nada más tomar posesión anunció la puesta en marcha de una mesa de diálogo para tratar el asunto con todas las partes implicadas: los vecinos, los jóvenes, los distritos y hasta la Universidad. Y confirmó que se analizarían posibles espacios para su desarrollo, que contaría con distintas ubicaciones y no un gran sitio como hicieron otras ciudades. La intención era evitar el conflicto y escuchar la voz de los jóvenes, un propósito que se retoma ahora.

Esta idea de la red de espacios no se llegó a materializar en su primer mandato. Y ahora algo de la propuesta se recoge en la nueva iniciativa del área de Juventud, pero con un espíritu que va más allá  del mero consumo, es una alternativa de ocio que fomenta los hábitos saludables y la cultura, una idea que tampoco es nueva y que han promovido siempre en el ámbito municipal grupos como Izquierda Unida.

Las botellonas son un problema enquistado en zonas como el centro de Sevilla, sobre todo la Alameda, los Jardines de Murillo o pequeñas plazas; también en el entorno del río y Plaza de Armas; Viapol; Los Remedios y el campo de la Feria; y distintos puntos en barrios como la Macarena o Pino Montano.

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