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Visitas a la antigua Fábrica de Tabacos de Sevilla

¿Estudias o visitas?

  • Los alumnos de la Universidad de Sevilla se quejan de la complicada convivencia con los turistas que visitan a diario la Fábrica de Tabacos.

Turistas a las puertas del Rectorado.

Puerta principal de la antigua Fábrica de Tabacos, hoy sede de la Universidad de Sevilla. Son las doce y media. Grupos de universitarios hablan animosamente. Unos operarios se afanan por tener en perfecto estado de revista los jardines de la lonja. Desde la calle San Fernando accede un nutrido grupo encabezado por un guía con un llamativo paraguas rojo. Los turistas se paran ante la majestuosa portada de Cayetano de Acosta. Admiran la Fama. Tras una breve explicación, acceden al interior de este “Escorial tabaquero”, como lo definió Richard Ford en 1845. Las cigarreras son ahora alumnos de Historia o Filología. La escena se repite hasta cuatro veces en apenas cinco minutos.

Esto, que sería normal en cualquier edificio de la categoría patrimonial de la Fábrica de Tabacos, que desde 1959 cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento Histórico, genera importantes molestias a los estudiantes de la Universidad de Sevilla, sobre todo a la hora de moverse por uno de los monumentos más visitados de la ciudad. Desde hace tiempo el descontento es evidente, aunque formalmente no se han registrado quejas en la universidad.

La Fábrica de Tabacos es uno de los edificios que hay que visitar obligatoriamente en Sevilla. Su situación, a mitad de camino entre el Parque de María Luisa y la Plaza de España, y el triángulo formado por el Alcázar, la Catedral y el Archivo de Indias, lo convierte en un imán de turistas.

Un grupo de turistas en uno de los patios del Rectorado. Un grupo de turistas en uno de los patios del Rectorado.

Un grupo de turistas en uno de los patios del Rectorado. / Juan Carlos Muñoz

El problema viene cuando los estudiantes tienen que lidiar a diario con los guiris. Lo peor es ir de un lugar a otro, explica Ana, estudiante del doble grado de Filología Hispánica y Clásica: “Hay muchos turistas. Demasiados. A veces resulta angustioso. Llegas un día a las diez de la mañana para ir a clase y te encuentras tres excursiones y no se pueden ni mover para dejarte pasar”. Los estudiantes también se quejan de que los servicios están siempre ocupados por los turistas.

En uno de los patios de la facultad de Historia se encuentra Madeleine, una alumna estadounidense que se encuentra en Sevilla con una beca Erasmus. Aquí estudia Historia del Arte y Literatura. También alude el problema de la circulación: “Cada día cuando voy a mis clases hay muchas personas. Moverse sí es difícil. Hay muchos turistas haciendo fotos y parados en medio de los pasillos. Sobre todo cerca de la cafetería. Aunque también pienso que es guay que vengan a ver la universidad”.

Turistas haciendo fotos en uno de los patios de la Fábrica de Tabacos. Turistas haciendo fotos en uno de los patios de la Fábrica de Tabacos.

Turistas haciendo fotos en uno de los patios de la Fábrica de Tabacos. / Juan Carlos Muñoz

Cerca de la facultad de Historia, en el patio del Ajedrez, una familia toma fotos. Los dos hijos pequeños se divierten saltando de baldosa en baldosa ajenos al ambiente de estudio que se respira unos metros más allá. En uno de los patios principales, David, estudiante de cuarto de Historia, apunta que en ocasiones los turistas han invadido hasta los lugares de estudio: “Se meten en las clases, en las salas de estudio. En los lugares reservados para nosotros. Un turista asiático se coló una vez en una de mis clases para tomar fotos”. Este estudiante señala que alguna ocasión se han recogido firmas para acabar con esta situación, aunque reconoce que ahora “parece que está más controlada la situación”.

En su quinto año de estudio, Lucía, alumna de Filología, corrobora todo lo expuesto anteriormente. “No llega a ser un conflicto grande, pero sí que generan molestias. La convivencia es difícil. Hay colas de turistas en los baños, se meten en las sala de lectura, hacen fotos... al final no te queda otra que resignarte”.Algunos profesores consultados por este periódico admiten el problema. Señalan que, en muchas ocasiones, no se respira el ambiente más propicio para el estudio o la investigación, aunque no ven la situación tan grave como para que haya que tomar medidas correctoras.

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