Obituario

Fallece a los 90 años el empresario y ganadero Gabriel Rojas Fernández

  • Fue también presidente del Sevilla desde junio de 1984 a octubre de 1986 y uno de los grandes impulsores del barrio de Los Remedios.

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Empresario, constructor, hotelero, ganadero, rociero, macareno, sevillista, rey mago... Un hombre polifacético que siempre miró más por el mañana que por el hoy y que ocupó puestos de gran notoriedad (presidente del club nervionense de junio de 1984 a julio de 1986 y hermano mayor de la hermandad del Rocío de Sevilla, que le concedió tratamiento honorífico). Ayer falleció en Sevilla a los 90 años de edad cumplidos este noviembre. De carácter duro e imperturbable, tenido por sus amigos por una muy buena persona y con un incuestionable criterio de empresario en sus acciones. Ha estado trabajando hasta hace muy poco tiempo, consagrado cada día a la actividad de su grupo de empresas, dedicado a promociones inmobliarias en Andalucía.

Nació Gabriel Rojas Fernández el 4 de noviembre de 1922 en el número 147 de la calle Feria. Fue el tercero de los ocho hijos del matrimonio que formaban Gabriel Rojas y Dolores Fernández. Apenas tuvo recuerdos de la Guerra Civil, a pesar de que se crió en una zona de elevada conflictividad. Se formó en el colegio de la Doctrina Cristiana de la calle San Luis y posteriormente en la Escuela de Comercio.

Se casó en la parroquia de San Roque en 1946 con Lola Jiménez-Becerril, tía del concejal asesinado por ETA en enero de 1998. Sus inicios profesionales se los reveló a Luis Carlos Peris en una extensa entrevista publicada en 2002 en Diario de Sevilla: "Al poco de casarme le dije a mi padre que quería establecerme por mi cuenta. Me dijo que estaba loco, que dónde iba a ir. Al principio pensé en poner una panadería, luego comprarme un camión, hasta que me dije que lo mío eran los ladrillos y empecé a construir".

Rojas Fernández fue uno de los constructores pioneros del barrio de Los Remedios. Siempre tuvo claro que si desde la Puerta de Jerez se oteaba el solar de la Plaza de Cuba, aquel trozo de ciudad tenía futuro como gran zona residencial. Y acertó de pleno. Él mismo estimaba que un 20% del barrio había sido construido por sus empresas. Fue vecino de la Plaza de Cuba desde 1964, en una casa que, curiosamente, no fue promovida por su firma. Tras el boom de Los Remedios, pasó a ejercer de constructor en Chipiona, donde vivió otro boom, narrado por él mismo con gran claridad: "Chipiona era una gran duna desde el santuario al pueblo, me empeñé en hacer casas y otra vez me dijeron que estaba loco. En quince días dejé todo aquello que estaba lleno de dunas como la palma de la mano. Desde el faro al santuario, toda la banda de la playa planita, planita y a levantar. Allí no había nada y la luz del paseo marítimo la puse yo".

En 1969 se hizo ganadero de bravo. Ya era muy asiduo a la Maestranza en el palco de los Herrera, el que solía ocupar Juan Belmonte. A un toro suyo, de nombre Flautino, le cortó Curro Romero una tarde de Feria de 1984 las dos orejas y sirvió para una de las resurrecciones del camero. Ese mismo año fue elegido presidente del Sevilla F.C. tras ganar en las urnas al empresario Rafael Carrión y con una experiencia como directivo durante once años. En su gestión -de sólo dos años y medio- dotó al estadio de asientos. Fue crítico con el trato que se le concedió con el paso de los años en algunos balances oficiales: "Hice muchas cosas como presidente, aunque algunos dicen que pasé inadvertido". El club le devolvió los 300 millones de pesetas que puso de su bolsillo.

No tuvo hijos, pero sí sobrinos a los que quiso mucho. Tuvo una honda relación con Alberto Jiménez Becerril, como le confesó al periodista José Joaquín León en una entrevista para los periódicos del Grupo Joly concedida en julio de 2011, quizás la última de su vida: "Alberto era sobrino por parte de mi mujer. Era listísimo; le dijeron que podía estudiar dos carreras a la vez. A los nueve años se vino a vivir a mi casa. Era como mi hijo. Su habitación sigue estando como estaba. Es la habitación de Alberto". El asesinato de Alberto y de su mujer, la procuradora Ascensión García ortiz, fue el primer golpe duro de su vida. El segundo se produjo en 2011, cuando falleció su esposa tras 65 años de matrimonio.

Una frase suya a los 88 años de edad resume el espíritu de su trayectoria: "Todos los días vengo a la empresa. No se vende nada sin que pase por mis manos. Aunque las cosas más complicadas las hace ya mi sobrino Gabriel". Cada año cedía su finca de El Caoso (Villamanrique de la Condesa) para la pernoctación de su hermandad del Rocío de Sevilla.

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