Sevilla

Howard Jackson, nacido para ser famoso

Howard Jackson durante su charla en la Universidad de Sevilla. Howard Jackson durante su charla en la Universidad de Sevilla.

Howard Jackson durante su charla en la Universidad de Sevilla. / Rafael Beltrán

Howard Jackson, el simpático vendedor de pañuelos de Plaza de Armas, nació para ser famoso. Así lo aseguró en la noche del miércoles en la charla que ofreció a los alumnos de Filología y Derecho de la Universidad de Sevilla. Howard respondió a las preguntas de los estudiantes. Habló de su infancia en Jamaica, de la salida apresurada de Liberia tras convertirse en un niño de la guerra, de las penurias pasadas en el desierto antes de llegar a Sevilla a través de Melilla, de su felicidad en Sevilla y de sus estudios de Derecho. 

La fuerza subversiva de la risa y del derecho. De niño soldado en Liberia a vendedor ambulante y estudiante de Derecho en Sevilla, era el título de la actividad encuya organización colaboró la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta (ISA), y que llenó el aula 103 de la antigua Fábrica de Tabacos para escuchar las andanzas de este trotamundos, "persona, no inmigrante", como reclamó. Howard dejó a un lado el histriónico personaje que interpreta para ganarse la vida vendiendo pañuelos de papel. Vestido con una americana de lana gris y camisa de cuadros, Jackson comenzó respondiendo a cómo lleva lo de ser tan conocido: "Creo que ser famoso era mi destino. Ya era una persona muy conocida en mi pueblo y en el colegio. Era el único niño negro que tenía amigos blancos".

El aula de la Facultad de Filología repleta para escuchar a Howard Jackson. El aula de la Facultad de Filología repleta para escuchar a Howard Jackson.

El aula de la Facultad de Filología repleta para escuchar a Howard Jackson. / Rafael Beltrán

Howard nació en Jamaica, de padre liberiano y madre estado unidense. Antes de cumplir los diez años su familia cruzó el Atlántico para instalarse en el país paterno. Con los alumnos de lingüística destacó la importancia de los idiomas y las dificultades que ha tenido a lo largo de su vida para entender en los distintos países en los que ha vivido. "En Jamaica la primera lengua es el ingles. Tuve la suerte de que en Liberia también lo era. Cuando huí tuve que enfrentarme al Francés, al árabe, con unos caracteres que no entendía... La llegada a España también fue un problema para mí".

Para aprender el Castellano y comprender el significado de las palabras, algo que le resulta imprescindible para cursar a través de la UNED, Howard es aplicado. Reveló que lee mucho y que dedica bastante tiempo a consultar el diccionario. Pero como más aprende, aseguró, es viendo en la televisión una serie tan popular como La Que se Avecina: "Muestra la cultura propia de los españoles. Su vida, su forma de hablar... eso me ayuda mucho a expresarme a mí también".

Jackson acompañado por la profesora Ruth Rubio y alumnos de Derecho y Filología. Jackson acompañado por la profesora Ruth Rubio y alumnos de Derecho y Filología.

Jackson acompañado por la profesora Ruth Rubio y alumnos de Derecho y Filología. / Rafael Beltrán

Sin perder la sonrisa, la charla cambió de registró cuando Howard habló de los problemas de los inmigrantes. De cómo son extorsionados por las mafias y de las penurias que pasan para buscar un futuro mejor. "España es un buen país", aseveró sin vacilar, pero pidió que redefinieran las ley de inmigración o que se promulgaran unas diferentes. 

Sobre la situación que viven los países africanos, Howard fue tajante: la culpa es de los gobernantes. Él tuvo que huir de Liberia con 16 años para no convertirse en un niño soldado. "¿Cómo puede pretender alguien que un niño coja un fusil AK-47 o un cuchillo? Es una desgracia. ¿Por qué lo permiten los políticos? No lo soporto. Los niños tienen que estar en sus escuelas.

Una sonrisa natural

Tras una dura travesía por el desierto, en la que estuvo a punto de morir, Howard se aferró a Dios para salir adelante. Su llegada a Sevilla hace ya 22 años le cambió la vida. En el semáforo de Plaza de Armar encontró la felicidad con sus divertidos disfraces vendiendo pañuelos siempre con una sonrisa: "Creo que es perfecta porque es natural y sincera. Sevilla me devolvió la sonrisa". 

Howard Jackson. Howard Jackson.

Howard Jackson. / Rafael Beltrán

Creyente confeso, encontró su familia sevillana en la Iglesia. Una comunidad parroquial lo acogió y le ayudó a traer a España a un amigo nigeriano cuya vida corría peligro: "Él ahora está aquí y tiene su mujer y cinco hijos".

Aunque su patria ahora es España, Howard sigue echando de menos su infancia en Jamaica. "Me gustaba mucho". También añora la Liberia previa al conflicto: "Dejé de echarla de menos por los políticos".

En Sevilla, Howard está cumpliendo sus sueños y con tesón, esfuerzo y una gran sonrisa se está labrando su futuro. Ayer dio impartió toda una lección de vida en la Universidad. 

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